miércoles, 11 de marzo de 2026

El mister

John sale de su hotel. Planea caminar por la playa y tomar algunas fotografías para su archivo personal.

A la misma hora, cerca de la playa, Ramón instala su puesto de atención al turista. Se trata de una mesa portátil surtida de productos misceláneos. Incluye gafas oscuras, bronceador. sombreros, llaveros alusivos a la ciudad (made in China), collares artesanales (también made in China) chanclas y pañoletas.

John duda sobre cuál ruta tomar. A lo lejos se divisan muchos buques pequeños, lo que sugiere yates, posiblemente una marina. Hacia el otro lado se ven edificaciones. Finalmente se decide por esta opción. 

Ramón está tranquilo aunque el día avanza y los posibles clientes no aparecen. No pasa nada que no fuera previsible. Es temporada baja. Mata el tiempo conversando con la vendedora de fritos y con el de los helados. A ellos si les llegan compradores. Ventajas de que sus productos también interesen a los locales.

John camina despacio. Saca algunas imágenes de paisajes. Escasea la gente. Le interesa registrar a los lugareños, los personajes locales, pero hasta ahora solo ha encontrado turistas. 

La de los fritos le advierte a Ramón que ahí viene su oportunidad de bajar bandera. Típico gringo. Alto, tez blanca enrojecida por el sol, cabello claro. Una cámara gigantesca colgándole del cuello. Camiseta de colores chillones, tenis, pantalón hasta la rodilla y, por supuesto, medias blancas. Puede que le compre algo, que necesite orientación sobre puntos fotografiables en la ciudad o que se interese en alguno de los servicios que Ramón promociona bajo comisión, como paseos en lancha, restaurantes o transporte.

John duda sobre empezar a disparar su cámara. En sus viajes ha tenido experiencias negativas y positivas cuando toma fotos sin pedir permiso. Algunas veces no pasa nada, otras hasta le posan (lo cual a él no le gusta, prefiere la espontaneidad) pero también lo han regañado e incluso una vez lo amenazaron.

Apenas John se acerca lo suficiente, Ramón despliega su arsenal propagandístico.

“Oye, qué necesitas, en qué te puedo ayudar. Mira, aquí tengo recuerdos por si quieres llevarle a tu familia o si necesitas algo para protegerte del sol también te lo tengo”. 

El turista se pronuncia en un lenguaje universal. Toca el borde de la cámara y señala al grupo de vendedores. Todos entienden, se juntan y sonríen mientras suenan los clics de los registros gráficos. 

Ramón lo intenta en otro idioma. Ese que combina lenguaje de señas, spanglish y estilo Tarzán. 

“Yo Ramón. City sitios bonitos yo mostrar.” Indica un punto en la distancia, donde se divisa la torre de la iglesia. “Buenos picchures”. Hace la mímica de quien se lleva una cuchara a la boca. “Fud típico”. Chasquea la lengua y eleva el pulgar. “Delisius”. Muestra una lancha fondeada a pocos metros. “Tur en barco. Poco cost”. Agarra unos llaveros en la mano izquierda y una artesanía en la derecha. “Suvenirs, dolars o pesos”. 

John se señala a sí mismo y dice “John...”

Ramón sonríe, esto tiene futuro. Jhon prosigue “...John Jairo. Me llamo John Jairo. Puede que me interese algo de lo que me está ofreciendo pero no entiendo ese idioma raro en el que me está hablando. Que tal si seguimos en español. Total, ambos nacimos en el mismo país. Y tranquilo, no es al primero al que le pasa”.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Mucho animal

 

Felizmente casado e inusualmente fértil. En eso va el historial familiar y reproductivo de Maximiliano (Max, en confianza). Pasa por tres parejas estables, cada una con dos embarazos exitosos. Van seis.

La estabilidad de las dos primeras relaciones se desbarató ante sendas aventuras extramatrimoniales del sujeto. Por cierto, cada una dejó su respectivo parto. Suman dos para llegar a ocho.

Max aprendió que eso de andar de picaflor en el ámbito amoroso no es una buena idea. Ante los hechos,  su tercer vínculo erótico afectivo se caracteriza por una fidelidad a prueba de balas. De aquí en adelante, una sola pareja para toda la vida, como los cisnes.

Más cuando nacieron los mellizos (niño y niña) que aumentaron la descendencia del caballero, al que sus amigos llaman (a sus espaldas, por supuesto) el conejo.

Los evidentes defectos del protagonista no significan que carezca de cualidades. La responsabilidad es una de ellas. A sus hijos e hijas no les falta nada. Para financiar la camada hay que producir todo el tiempo. Trabajar como mula. Duro. Muy duro.  

Eso le pasa por perro, dice la mamá. Y por burro.

Aunque sus jornadas laborales son interminables, las cuentas no siempre cuadran. Por suerte existe el tío prestamista, al que Max describe como el tío culebra, ya que constantemente le presta plata, y, por ende, no solo son familia, sino prestamista y deudor.

Eso sí, el multipadre siempre anda mosca para no colgarse en los pagos. No puede hacer lo mismo que un primo que se puso de abeja a incumplir y claro, se le cerró la fuente de financiamiento.

No es la única estrategia económica. Se han especializado en ir (él y su prole) a múltiples actividades en plan de patos —invitados o colados—. No importa la modalidad, lo que importa es no pagar o pagar menos.

Además, siempre anda a la caza de ingresos adicionales. Como el más avezado de los lagartos,  persigue insistentemente y elogia (reiteradamente) a potenciales jefes, socios o clientes. Y si asegura el negocio lo cuida mediante una estratégica relación que combina sumisión con lambonería. 

Max acepta que eso de ser sapo a veces no es digno, pero el tipo tiene sus prioridades. Por su elevado tren de gastos vive con el temor constante de no poder responder. A la hora de cuidar las ganancias, es prudente tirando (bastante) a miedoso. Come callado y aguanta todo. Sí, puede ser valiente cual gallo en otros escenarios, pero en el ámbito laboral es cobarde cual gallina.

Sobra decir que se le ve siempre ocupado. Su jornada diaria es la de una hormiga. En el escaso tiempo libre que maneja ha escuchado una palabra nueva. Describe cierta tendencia juvenil donde las personas asumen comportamientos extraños o se identifican con especies diferentes al ser humano. 

Es algo así como therians (teriano en español). Gente que actúa como animales. A Max le suena bastante exótico el asunto.

¿O no?