Como buen perro de la calle su árbol genealógico es un verdadero matorral repleto de inusuales y exóticas combinaciones. El resultado final se ve como gozque, camina como gozque, huele a gozque, se comporta como gozque, o sea que es un criollo colombiano. De esos a los que les dicen gozques.
Profundizar en detalles de raza, pedigree, ascendencia o genética sería tesis de grado para veterinario. Preferiblemente en maestría. Idealmente en doctorado con aspiraciones de Nobel
Resulta que los interesados en la ciencia médica que se ocupa de diagnosticar, prevenir y curar todo tipo de enfermedades o lesiones que afecten a animales domésticos, silvestres o de producción (gracias Euroinnova) tienen mejores cosas que hacer. Esa es la razón por la cual ese tema se suma a la lista de misterios que rodean al can en mención.
Es cierto que en ocasiones algún vecino o transeúnte le ofrece alimento. Pero nunca en cantidad y frecuencia suficiente para suplir sus necesidades. Sin embargo, no se le ve flaco ni desnutrido. ¿Cómo lo hace? Nadie sabe. Es más, se da el lujo de ignorar parte de las donaciones proteicas.
Permanece la mayor parte del día echado en diferentes puntos de sus dominios. El clima de la hora determina si busca sol o sombra. Cuando llueve se levanta (despacio, siempre despacio) se sacude sin esforzarse demasiado y se dirige hacia algún punto cercano donde pueda escampar. Así es su vida mientras está visible, porque otro enigma es cuando desaparece horas, días, semanas. O por siempre
Para los residentes y transeúntes habituales hace rato que se volvió paisaje. Muchos lo vieron, lo ven y lo verán. Es el habitante cuasipermanente de ese sector, de ese punto específico..
No es egoísta. No molesta para nada a quienes utilizan, pasan, o se detienen momentáneamente en el lugar. Jamás le han visto ladrar, gruñir o mirar feo a otro ser vivo.
Una vez se acomoda para su descanso interminable pueden transcurrir a su lado manifestaciones, partidos de fútbol, espectáculos teatrales o musicales, peleas, discusiones, ensayos, prácticas, ferias, fiestas o cualquier otra actividad. Por mucho, si la acción se acerca demasiado, se levantará perezosamente y buscará un lugar más tranquilo donde echarse a disfrutar de su existencia. Afán no tiene. Nunca.
Todos conocen su nombre porque no responde a ninguno. Cada persona interesada lo bautiza como quiere.
De vez en cuando un visitante ocasional del barrio, comuna, caserío, pueblo o ciudad se fija en él. Le toma fotos. Le hace videos. Intenta jugar con el perro. Este no le hace caso. Tímidamente trata de acariciarlo. El animal no opone resistencia. No le gusta ni le molesta. Simplemente no le importa. El foráneo consulta a algún residente local sobre la “mascota”. Siempre recibirá la misma respuesta. Un día apareció. Llegó de ninguna parte. Sin hacer ruido. Sin presentarse. Sin aspavientos. De repente estaba ahí. Y ahí se quedó.
Puede que para el ordenamiento territorial el parque, plaza, playa, calle, cuadra, acera, esquina sea espacio público. Puede que en ninguna notaría figure escritura que establezca derechos de propiedad.
No importa. Ese lugar es su feudo, su hábitat, su comarca, su demarcación, su dominio, su ámbito.
El perro es el dueño. Y punto.