miércoles, 18 de marzo de 2026

Revelaciones embarazosas

Pacho sabe hoy muchas cosas que ayer ignoraba. Sabe que Isabel y Gonzalo se casaron cuando ella ya tenía dos meses de embarazo, situación que en su momento ignoraban sus padres, pero era conocida por Cristina y por Elena.

Se enteró de que la abuela de Isabel estaba haciendo fuerza para que su siguiente nieto no fuera niño, pero en cambio la mami sí quería que el hijo de la pareja fuera de sexo masculino. Tanto que hizo una peregrinación a la iglesia del 20 de julio, sede del Divino Niño, al parecer con resultados positivos.

También supo que Liliana estaba segura de que iba a ser niño, profecía que anticipó desde cuando tuvo noticia de la situación. Lili, como la llama Isabel, tiene algo de bruja, porque de alguna manera no solo anunció correctamente el sexo, sino que también fue de las primeras en notar el embarazo.

Pacho aumentó sus conocimientos con la enorme alegría que la noticia le originó a Fernando, el que más tarde recogería a la pareja. Es contagiosa, porque Isabel está muy feliz de que él también lo esté.

Otro dato novedoso son los detalles que interesan a Miguel, el médico, quien pidió copia de la ecografía, preguntó si la madre había tenido alguna molestia, hizo una consulta técnica que no le pudieron responder pero van a averiguar y recomendó un medicamento para ciertos malestares,  menores pero incómodos.

Ahora Pacho aprendió los nombres que llevan los tres hijos de Cristina, aunque es claro que ninguno de ellos será el que le pondrán al primogénito de Isabel y Gonzalo. De  hecho todavía no han pensado en el tema, que aplazaron hasta enterarse de si sería niño o niña. Tampoco están muy seguros de si será primogénito o hijo único, otra decisión que quedó en el departamento de pendientes.

Pacho también comprendió en parte la molestia de Elena, que deseaba organizar una fiesta de revelación de género donde toda la familia se enterara de la noticia. Sin embargo Isabel la calmó ofreciéndole estudiar la opción de hacer el gender reveal party para algunos amigos y además le insinuó que su colaboración iba a ser indispensable en los baby shower.

Los que sí es claro para Pacho es que nada puede opacar la inmensa alegría de la joven pareja, quienes en los próximos días iniciarán la compra masiva de ropa y elementos decorativos para su bebé, debidamente acompañados de las respectivas madres o suegras, según el punto de vista de cada uno.

Cabe anotar que Pacho jamás en su vida había visto a Isabel y a Gonzalo y existe una posibilidad bastante razonable de que nunca se los vuelva encontrar. Si llegara a ocurrir sería una coincidencia. Claro que puede pasar. También fue una coincidencia lo que aconteció en la sala de espera de la institución prestadora de servicios de salud (IPS).

Mientras Pacho aguardaba el llamado para una revisión médica de rutina, la pareja salió de la ecografía. Se sentaron. Isabel quedó justo al lado de Pacho (al otro lado estaba Gonzalo). 

La futura madre sacó su teléfono y arrancó a comunicarse con Cristina, Elena, la abuela, la mami, Liliana, Fernando y Miguel (entre otros), a quienes informó del resultado mediante animadas conversaciones cuya escucha, tan involuntaria como inevitable, aumentó significativamente el acervo de conocimientos de Pacho.

Conocimientos inútiles, sin duda. Pero interesantes y hasta divertidos sí son.

miércoles, 11 de marzo de 2026

El mister

John sale de su hotel. Planea caminar por la playa y tomar algunas fotografías para su archivo personal.

A la misma hora, cerca de la playa, Ramón instala su puesto de atención al turista. Se trata de una mesa portátil surtida de productos misceláneos. Incluye gafas oscuras, bronceador. sombreros, llaveros alusivos a la ciudad (made in China), collares artesanales (también made in China) chanclas y pañoletas.

John duda sobre cuál ruta tomar. A lo lejos se divisan muchos buques pequeños, lo que sugiere yates, posiblemente una marina. Hacia el otro lado se ven edificaciones. Finalmente se decide por esta opción. 

Ramón está tranquilo aunque el día avanza y los posibles clientes no aparecen. No pasa nada que no fuera previsible. Es temporada baja. Mata el tiempo conversando con la vendedora de fritos y con el de los helados. A ellos si les llegan compradores. Ventajas de que sus productos también interesen a los locales.

John camina despacio. Saca algunas imágenes de paisajes. Escasea la gente. Le interesa registrar a los lugareños, los personajes locales, pero hasta ahora solo ha encontrado turistas. 

La de los fritos le advierte a Ramón que ahí viene su oportunidad de bajar bandera. Típico gringo. Alto, tez blanca enrojecida por el sol, cabello claro. Una cámara gigantesca colgándole del cuello. Camiseta de colores chillones, tenis, pantalón hasta la rodilla y, por supuesto, medias blancas. Puede que le compre algo, que necesite orientación sobre puntos fotografiables en la ciudad o que se interese en alguno de los servicios que Ramón promociona bajo comisión, como paseos en lancha, restaurantes o transporte.

John duda sobre empezar a disparar su cámara. En sus viajes ha tenido experiencias negativas y positivas cuando toma fotos sin pedir permiso. Algunas veces no pasa nada, otras hasta le posan (lo cual a él no le gusta, prefiere la espontaneidad) pero también lo han regañado e incluso una vez lo amenazaron.

Apenas John se acerca lo suficiente, Ramón despliega su arsenal propagandístico.

“Oye, qué necesitas, en qué te puedo ayudar. Mira, aquí tengo recuerdos por si quieres llevarle a tu familia o si necesitas algo para protegerte del sol también te lo tengo”. 

El turista se pronuncia en un lenguaje universal. Toca el borde de la cámara y señala al grupo de vendedores. Todos entienden, se juntan y sonríen mientras suenan los clics de los registros gráficos. 

Ramón lo intenta en otro idioma. Ese que combina lenguaje de señas, spanglish y estilo Tarzán. 

“Yo Ramón. City sitios bonitos yo mostrar.” Indica un punto en la distancia, donde se divisa la torre de la iglesia. “Buenos picchures”. Hace la mímica de quien se lleva una cuchara a la boca. “Fud típico”. Chasquea la lengua y eleva el pulgar. “Delisius”. Muestra una lancha fondeada a pocos metros. “Tur en barco. Poco cost”. Agarra unos llaveros en la mano izquierda y una artesanía en la derecha. “Suvenirs, dolars o pesos”. 

John se señala a sí mismo y dice “John...”

Ramón sonríe, esto tiene futuro. Jhon prosigue “...John Jairo. Me llamo John Jairo. Puede que me interese algo de lo que me está ofreciendo pero no entiendo ese idioma raro en el que me está hablando. Que tal si seguimos en español. Total, ambos nacimos en el mismo país. Y tranquilo, no es al primero al que le pasa”.