miércoles, 5 de agosto de 2026

Versos para el que no llegó

 


Ansiosa desde la ventana
impaciente ella lo espera
pero a él no le da la gana
de dejarse ver en carretera.

Transcurren esos segundos,
que pasan a eternos minutos
y otros viajeros del mundo
desilusionan por sus atributos.

No son ellos los que anhela
la que aguarda en el presente
su llegada deja una estela
tan inútil como insuficiente.

El furgón escandaloso
que ofrece comprar chatarra
suena a ruido molestoso
cuya oferta la vida embarra.

Con su mecánico alboroto
siempre oportuno y eficiente
llega un mensajero en moto:
no es el que ella tiene en mente.

Carros de muchos colores
transitan intermitentes
no paran los conductores
su destino es diferente.

Se mueve ágil y sencillo
el auto que gira en la esquina
es un taxi de los amarillos,
con lo que ella desea no combina.

Una banda de músicos sin plata
improvisa su canción en la calzada
a ella no le suena bien la serenata
es mal momento para su llegada.

Mientras con angustia ella su reloj revisa
y el anhelado nada que hace presencia
frente a su hogar pasan y pasan sin prisa
caminantes varios con indiferencia.

Van solos, en grupo o con mascota
cada uno busca su propio destino
mientras ella ya siente la derrota
ese que espera no se ve en el camino.

A estas alturas del día
desde la puerta vigila ansiosa
del hogar buscó la salida
para ver si aceleraba la cosa.

Existen vecinos y otra gente
a los que ella siempre evita saludar
uno tras otro pasan por el frente
y falsas sonrisas toca improvisar.

Mientras tanto el tiempo ha continuado
su andar infinito por la existencia
ya pasó una hora y el esperado
por nada del mundo hace presencia.

Ella maldice el momento
cuando decidió convocarlo
la rabia le invade el pensamiento
y hasta piensa en ahorcarlo.

Es una fantasía pasiva
que no puede pasar a la acción
no se puede ser agresiva
ni pelear con una aplicación.

Simplemente quería un viaje
pero así se le amargó el día
todo comenzó con un mensaje
basado en moderna tecnología.

Para el transporte un servicio
se pidió por celular
el auto resultó ficticio
pues jamás pudo o quiso llegar.

Son muchos los que han venido
pero nunca el esperado.
Ya el horario se ha incumplido
la salida ha fracasado.

Con un mensaje inocente
esta historia ha terminado
Disculpe usted señor (?) cliente
el servicio no pudo ser prestado.

miércoles, 29 de julio de 2026

Gritos, mímica, mentiras, familia y fijos

Hace años (no tantos) el teléfono era un electrodoméstico. Uno para toda la casa. Le decían fijo porque no podía desconectarse del cable enchufado a la pared. Solo había una forma de saber quién llamaba: contestando. Hoy el teléfono es multiusos, individual, portátil y te dice quién llama. Es posible ignorar o rechazar la comunicación, así como bloquear al que marcó. Y si es un mensaje de texto, se deja en visto.

No suena muy educado pero es efectivo y eficiente. Soluciona el problema con un esfuerzo mínimo. Hace años el procedimiento no era tan productivo.  Eso sí, era mucho más interesante y divertido

Riinnng riinnng riinnng. Primer grito. Generalmente maternal. ¡Alguien que conteste que estoy ocupaadaaa!

Riinnng riinnng riinnng riinnng riinnng rii… ¿Haló? Un momento. Segundo grito. ¡Maríiaaa. al teléeeeefonooo!

No pasa nada. Tercer grito. ¡MARÍIIIIIIA! QUE LA NECESITAN AL TELÉEEEEFOOOONOOOO!

María y el resto de la familia viven en una casa de dos pisos. El teléfono está en el primero y María puede estar en el segundo nivel, en el patio, en el cuarto más alejado, en el garaje, en la cocina, en el baño o en cualquier otro lugar donde no oye, o donde realiza tareas inaplazables que le impiden contestar.

Para eso están las estaciones repetidoras. El hermanito en el segundo piso se suma al llamado. ¡Maríiiiiaaaa. que tiene una llamada! De alguna parte surge una voz femenina. ¡Voooooyyyy!

Suenan pasos. Finalmente aparece María. Comienza la comunicación.

Esa no. La otra. María gesticula pero no habla. Vocaliza algo. Mueve las manos hacia adelante. Se lleva una de las extremidades al oído derecho mientras gira la otra. Frunce la nariz. Abre los ojos y arruga las pestañas. Contestador de turno se demora un poco pero finalmente entiende el mensaje.

Haló, eh, que pena, ¿de parte de quien? ¿Juan qué, perdón? Juan Pérez, sí, espere un momento.

El rostro de María se descompone. Levanta los brazos y con las palmas abiertas cruza los antebrazos, los separa, los cruza, los separa mientras voltea la cara y hace la señal se negación con la cabeza. Contestador de turno pone cara de impaciencia. Con una mano sostiene el auricular y con la otra gesticula. 

María vocaliza algo. Contestador no entiende. Ella lo dice en voz baja. Contestador no oye. Este le hace la señal manual de espere. Palma abierta al frente moviéndola hacia atrás y hacia adelante. No suelta el auricular, pero con la mano libre bloquea la bocina. La aleja de su cuerpo el máximo posible. María se le acerca y le susurra algo al oído. Contestador la mira feo. María le responde con cara de por favor.

Haló. Es que María no está. Ya buscamos por toda la casa. No, no sé a que horas llega. ¿Le deja alguna razón? Espere busco donde anotar…. Haló. Que lo llame. ¿Ella tiene el número? Yo le digo apenas la vea.

Contestador cuelga. Está bravo. Estoy harto de estas vainas. Para que le da el número a los tipos si después a mí me toca andarla negando.

María no responde pero pone cara de gracias. De le debo una. Total, solo es cuestión de tiempo para que la escena se repita, pero con los roles invertidos.