miércoles, 22 de abril de 2026

El himno de los caídos


Algunos viven a diario 
la maldición del caído 
pues sin importar horario 
al piso son atraídos. 

Es la situación graciosa 
para los que tienen vista 
el único que no goza 
es el gran protagonista. 

Él predestinado está. 
Tropieza, resbala o patina 
y aunque mucho esfuerzo haga 
siempre en el piso termina. 

En cámara lenta se ve 
ese momento preciso 
los brazos mueve con fe 
mientras choca contra el piso. 

No importa si mira al cielo 
o los ojos clava en tierra 
su destino está en el suelo 
cuando menos se lo espera. 
 
Obstáculos sobresalen
en el piso traicionero 
sus piernas no le obedecen 
después del choque certero. 

O es un hueco inesperado 
el que atraviesa su ruta 
llevando al predestinado 
a una caída absoluta. 
 
La lluvia humedece asfaltos 
dejándolos resbalosos 
y en vez del seguro salto 
pisa en falso y hace el oso. 
 
Cuando va acompañado 
cae sin pedir permiso 
sus amigos preocupados 
lo descubren en el piso. 

Un día en un recorrido 
él se esfumó de repente 
dejó a todos sorprendidos 
por su ausencia reciente. 

Una alcantarilla explicó 
la ausencia inesperada 
donde el sujeto cayó 
ya que estaba destapada. 

Todo el tiempo a él le pasa 
siempre algo similar 
todo cuidado fracasa 
ante su insólito azar. 

Lo legal siempre es su estado 
vive con honestidad 
pero termina enredado 
con la ley de gravedad. 

Se sueltan de vez en cuando 
los cordones del zapato 
así lo van enredando 
hasta mandarlo al asfalto. 

Si en la distancia saluda 
y un segundo se descuida 
siempre necesita ayuda 
pues es fija la caída. 

Ningún deporte domina 
porque ocurre cada vez 
es que en el suelo termina 
hasta jugando ajedrez. 

Y si de espaldas se mueve
sin vigilar donde pisa
en un tiempo mas bien breve
se cae y el golpe avisa.

Para escaleras bajar 
tiene estilo particular 
él no suele caminar 
sino rodar y rodar. 

Vive con muchos raspones 
pero nada de fracturas 
una de sus condiciones 
es una osamenta dura. 

Cuando el suelo es el destino 
no es problema masculino 
pues el fatídico sino 
es también del femenino.  

Muchas viven sus caídas 
en rutinarias acciones 
porque andan por la vida 
en traidores tacones. 

Y aunque en los tiempos actuales 
ya no usen zapato alto 
no importan los materiales 
ahí las espera el asfalto. 

Si con ropa nueva sale 
se sabe predestinada 
estrenar prenda equivale 
a una caída anunciada. 
 
Curiosa es la situación 
que viven ellas y ellos 
porque entre más altos son 
más veces caen al suelo. 

Quien este himno interpreta 
no pretende ser poeta 
solo rendir homenaje 
dedicado al personaje 
cuyo destino decreta 
de jeta contra el planeta.

miércoles, 15 de abril de 2026

Extremo tardío

De tanto leer historias de aventuras a Gabriel le dio por vivir su propio gesta. No pudo dedicarse a la piratería en Malasia. No pudo buscar tesoros en islas escondidas. No pudo descender por un volcán camino al centro de la Tierra. Tampoco pudo enrolarse en el cuerpo de mosqueteros del rey de Francia.

El joven lector vivía lejos del mar, de los volcanes y de Francia. Los únicos Reyes que conocía eran la familia de enfrente. En cambio tenía cerca montañas dignas de exploración y recorrido. Así que un día escogió un cerro: se echó morral a la espalda con una muda de ropa, agua y comida; e inició su epopeya particular.

Como eso pasó hace 80 años, Gabriel trastoca muchos detalles cada vez que cuenta la historia. Pero hay partes que no cambian. Se perdió. La comida y el agua se acabaron. Estuvo deambulando un par de días, sin tener idea donde estaba, hasta el feliz encuentro con unos campesinos que lo devolvieron a la civilización.

La desastrosa experiencia y la muenda que le dio su papá por volarse sin permiso lo alejaron del mundo de la aventura. Mucho tiempo después surgió una industria a la que le pusieron deportes extremos. Actividades de alta exigencia física y cierto nivel de riesgo real para la salud del practicante. Aventuras a la medida. Actividades que a Gabriel nunca le habían interesado. Hasta ahora.

Como los años no pasan gratis, la cercanía al primer siglo de vida terminó por pasarle factura a la movilidad del sujeto. Para trayectos largos (cualquier salida de casa clasifica como tal) debe utilizar una silla de ruedas y, por ende, alguien que lo acompañe ejerciendo el verbo empujar. La labor se la turnan parientes, amigos, personal de atención y espontáneos. 

Los familiares, sobre todo los más jóvenes, tienen clara su prioridad. No es la silla. Es el teléfono. Trabajan a dos manos. Con una empujan y con la otra atienden una llamada o miran alguna cosa en el celular. En movimiento. Levantando ocasionalmente la mirada. Casi todo el tiempo. O todo. 

Los parientes más maduros o los amigos también hablan, pero con Gabriel. Son animadas conversaciones mientras recorren andenes y calzadas. Las anécdotas, las preguntas, los chismes, todo eso que implica un buen diálogo y que puede distraer (y lo hace) a quien, en la práctica, es responsable de la movilidad y seguridad del usuario de la silla móvil.

Otra situación. El pésimo estado de muchos andenes los convierte en una verdadera trocha repleta de obstáculos para los peatones. Y en vías intransitables para Gabriel y su paseador de turno. Entonces es inevitable bajar a la calzada. La misma por donde andan los carros. Los buses. Las tractomulas. Las motos.

Claro, existen rutas exclusivas para vehículos de tracción humana (o de baja velocidad) de dos o hasta tres ruedas. De vez en cuando se ve a Gabriel debidamente empujado mientras recorre esos caminos. A su lado pasan patinetas, motos eléctricas. corredores en entrenamiento y una que otra carreta de reciclador.  También muchas bicicletas. Por algo las llaman ciclorrutas. 

A estas alturas de la vida, Gabriel toma las cosas como vienen y siempre les busca el lado positivo. Por eso cada salida a la calle se ha convertido en un desquite de esa aventura fracasada en su ya lejana juventud. Porque sin ninguna intención (o quien sabe) los comportamientos de sus acompañantes o la realidad de la infraestructura urbana convirtieron las salidas en silla de ruedas en algo mucho más interesante.

Un deporte extremo.