miércoles, 25 de marzo de 2026

Teoría de la memoria inútil

Algunos psicólogos hablan de tres tipos de memoria: implícita, explícita y funcional. Como un aporte a sus investigaciones planteamos otra categoría, ausente de la literatura científica pero presente en muchos de nosotros; la memoria inútil.

Me explico. El 8 de enero de 1976 tomé gaseosa en una tienda. Mi mente, como una película, proyecta ese instante con todo detalle. Las características del negocio, la niña que me atendió, la forma como sacó la bebida para destaparla y alcanzármela. La pregunta de si quería pitillo. Mi negativa. La mano tomando la botella y llevándola a la boca. Fin.

Ustedes se preguntarán qué tuvo de especial esa bebida para engrosar mis evocaciones personales. ¿Fue acaso la primera vez? ¿Había algo singular en esa tienda? ¿Esa niña detrás de la vitrina era la primera imagen de mujer en un corazón de niño?

La respuesta es de un prosaico deprimente. No. Era sólo un adolescente tomando gaseosa. A eso se refiere la memoria inútil. En el disco duro, además de momentos trascendentales, alegres, tristes o especialmente complejos, archivamos, con alta fidelidad, momentos total, incuestionable y realmente insulsos.

Viajamos mentalmente a la mañana lluviosa en la que teníamos pereza de ponernos las medias. Al enviar un saludo navideño a un viejo ex compañero lo vemos a nuestro lado en un examen de historia donde no pasó nada raro. 

Recordamos esa viejita que pasó frente a nosotros una tarde de julio a principios de los noventa (esa que jamás volvió a cruzarse en nuestro camino). Podemos describir el almuerzo que tuvimos algún día de 1985 (carne, papa, garbanzo, arroz, leche y bocadillo) o la forma como estábamos vestidos en una jornada típica de 1990. 

Visualizamos con claridad el segundo segmento después de comerciales de un capítulo de El Hombre Nuclear, aunque a estas alturas del partido ni sabemos, ni nos importa, cómo comenzó o terminó ese programa. 

Del incontable número de canciones publicitarias que han pasado por la vida hay dos o tres que tarareamos de vez en cuando, aunque corresponden a productos que jamás consumimos y actualmente ni siquiera existen.

Situaciones, personas, lugares, hechos, sonidos que en nada definieron lo que somos hoy en día, están ocupando neuronas. 

Es como un texto insulso, inútil, que nada le aporta al lector, aunque tampoco le hace daño y a veces le arranca una sonrisa. 

Esos recuerdos son algo así como… como las Amilcaradas.

Corte final a comerciales. Superamos las 50 mil visitas. Informes aquí.


lunes, 23 de marzo de 2026

Breve concesión al ego del autor

El 24 de enero de 2008 lo que en principio iba a ser una herramienta pedagógica cambió de objetivo. Ese día nacieron las Amilcaradas con dos publicaciones: Mi enemigo el control y Pasajeros el vacío.

Pasaron 18 años, un mes y 23 días (o algo así) y este blog acaba de superar las 50 mil visitas. Es una cifra ridícula en comparación con las que acumula en un solo día cualquier influencer, pero es un resultado que al autor lo hace bastante feliz. 

Este es el momento adecuado para decir GRACIAS (así, en mayúsculas y resaltado) a todo el personal que le ha sacado tiempo al día para dedicarlo a este traficante de sonrisas 

Y, por cierto, esas primeras Amilcaradas no han perdido vigencia.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Revelaciones embarazosas

Pacho sabe hoy muchas cosas que ayer ignoraba. Sabe que Isabel y Gonzalo se casaron cuando ella ya tenía dos meses de embarazo, situación que en su momento ignoraban sus padres, pero era conocida por Cristina y por Elena.

Se enteró de que la abuela de Isabel estaba haciendo fuerza para que su siguiente nieto no fuera niño, pero en cambio la mami sí quería que el hijo de la pareja fuera de sexo masculino. Tanto que hizo una peregrinación a la iglesia del 20 de julio, sede del Divino Niño, al parecer con resultados positivos.

También supo que Liliana estaba segura de que iba a ser niño, profecía que anticipó desde cuando tuvo noticia de la situación. Lili, como la llama Isabel, tiene algo de bruja, porque de alguna manera no solo anunció correctamente el sexo, sino que también fue de las primeras en notar el embarazo.

Pacho aumentó sus conocimientos con la enorme alegría que la noticia le originó a Fernando, el que más tarde recogería a la pareja. Es contagiosa, porque Isabel está muy feliz de que él también lo esté.

Otro dato novedoso son los detalles que interesan a Miguel, el médico, quien pidió copia de la ecografía, preguntó si la madre había tenido alguna molestia, hizo una consulta técnica que no le pudieron responder pero van a averiguar y recomendó un medicamento para ciertos malestares,  menores pero incómodos.

Ahora Pacho aprendió los nombres que llevan los tres hijos de Cristina, aunque es claro que ninguno de ellos será el que le pondrán al primogénito de Isabel y Gonzalo. De  hecho todavía no han pensado en el tema, que aplazaron hasta enterarse de si sería niño o niña. Tampoco están muy seguros de si será primogénito o hijo único, otra decisión que quedó en el departamento de pendientes.

Pacho también comprendió en parte la molestia de Elena, que deseaba organizar una fiesta de revelación de género donde toda la familia se enterara de la noticia. Sin embargo Isabel la calmó ofreciéndole estudiar la opción de hacer el gender reveal party para algunos amigos y además le insinuó que su colaboración iba a ser indispensable en los baby shower.

Los que sí es claro para Pacho es que nada puede opacar la inmensa alegría de la joven pareja, quienes en los próximos días iniciarán la compra masiva de ropa y elementos decorativos para su bebé, debidamente acompañados de las respectivas madres o suegras, según el punto de vista de cada uno.

Cabe anotar que Pacho jamás en su vida había visto a Isabel y a Gonzalo y existe una posibilidad bastante razonable de que nunca se los vuelva encontrar. Si llegara a ocurrir sería una coincidencia. Claro que puede pasar. También fue una coincidencia lo que aconteció en la sala de espera de la institución prestadora de servicios de salud (IPS).

Mientras Pacho aguardaba el llamado para una revisión médica de rutina, la pareja salió de la ecografía. Se sentaron. Isabel quedó justo al lado de Pacho (al otro lado estaba Gonzalo). 

La futura madre sacó su teléfono y arrancó a comunicarse con Cristina, Elena, la abuela, la mami, Liliana, Fernando y Miguel (entre otros), a quienes informó del resultado mediante animadas conversaciones cuya escucha, tan involuntaria como inevitable, aumentó significativamente el acervo de conocimientos de Pacho.

Conocimientos inútiles, sin duda. Pero interesantes y hasta divertidos sí son.

miércoles, 11 de marzo de 2026

El mister

John sale de su hotel. Planea caminar por la playa y tomar algunas fotografías para su archivo personal.

A la misma hora, cerca de la playa, Ramón instala su puesto de atención al turista. Se trata de una mesa portátil surtida de productos misceláneos. Incluye gafas oscuras, bronceador. sombreros, llaveros alusivos a la ciudad (made in China), collares artesanales (también made in China) chanclas y pañoletas.

John duda sobre cuál ruta tomar. A lo lejos se divisan muchos buques pequeños, lo que sugiere yates, posiblemente una marina. Hacia el otro lado se ven edificaciones. Finalmente se decide por esta opción. 

Ramón está tranquilo aunque el día avanza y los posibles clientes no aparecen. No pasa nada que no fuera previsible. Es temporada baja. Mata el tiempo conversando con la vendedora de fritos y con el de los helados. A ellos si les llegan compradores. Ventajas de que sus productos también interesen a los locales.

John camina despacio. Saca algunas imágenes de paisajes. Escasea la gente. Le interesa registrar a los lugareños, los personajes locales, pero hasta ahora solo ha encontrado turistas. 

La de los fritos le advierte a Ramón que ahí viene su oportunidad de bajar bandera. Típico gringo. Alto, tez blanca enrojecida por el sol, cabello claro. Una cámara gigantesca colgándole del cuello. Camiseta de colores chillones, tenis, pantalón hasta la rodilla y, por supuesto, medias blancas. Puede que le compre algo, que necesite orientación sobre puntos fotografiables en la ciudad o que se interese en alguno de los servicios que Ramón promociona bajo comisión, como paseos en lancha, restaurantes o transporte.

John duda sobre empezar a disparar su cámara. En sus viajes ha tenido experiencias negativas y positivas cuando toma fotos sin pedir permiso. Algunas veces no pasa nada, otras hasta le posan (lo cual a él no le gusta, prefiere la espontaneidad) pero también lo han regañado e incluso una vez lo amenazaron.

Apenas John se acerca lo suficiente, Ramón despliega su arsenal propagandístico.

“Oye, qué necesitas, en qué te puedo ayudar. Mira, aquí tengo recuerdos por si quieres llevarle a tu familia o si necesitas algo para protegerte del sol también te lo tengo”. 

El turista se pronuncia en un lenguaje universal. Toca el borde de la cámara y señala al grupo de vendedores. Todos entienden, se juntan y sonríen mientras suenan los clics de los registros gráficos. 

Ramón lo intenta en otro idioma. Ese que combina lenguaje de señas, spanglish y estilo Tarzán. 

“Yo Ramón. City sitios bonitos yo mostrar.” Indica un punto en la distancia, donde se divisa la torre de la iglesia. “Buenos picchures”. Hace la mímica de quien se lleva una cuchara a la boca. “Fud típico”. Chasquea la lengua y eleva el pulgar. “Delisius”. Muestra una lancha fondeada a pocos metros. “Tur en barco. Poco cost”. Agarra unos llaveros en la mano izquierda y una artesanía en la derecha. “Suvenirs, dolars o pesos”. 

John se señala a sí mismo y dice “John...”

Ramón sonríe, esto tiene futuro. Jhon prosigue “...John Jairo. Me llamo John Jairo. Puede que me interese algo de lo que me está ofreciendo pero no entiendo ese idioma raro en el que me está hablando. Que tal si seguimos en español. Total, ambos nacimos en el mismo país. Y tranquilo, no es al primero al que le pasa”.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Mucho animal

 

Felizmente casado e inusualmente fértil. En eso va el historial familiar y reproductivo de Maximiliano (Max, en confianza). Pasa por tres parejas estables, cada una con dos embarazos exitosos. Van seis.

La estabilidad de las dos primeras relaciones se desbarató ante sendas aventuras extramatrimoniales del sujeto. Por cierto, cada una dejó su respectivo parto. Suman dos para llegar a ocho.

Max aprendió que eso de andar de picaflor en el ámbito amoroso no es una buena idea. Ante los hechos,  su tercer vínculo erótico afectivo se caracteriza por una fidelidad a prueba de balas. De aquí en adelante, una sola pareja para toda la vida, como los cisnes.

Más cuando nacieron los mellizos (niño y niña) que aumentaron la descendencia del caballero, al que sus amigos llaman (a sus espaldas, por supuesto) el conejo.

Los evidentes defectos del protagonista no significan que carezca de cualidades. La responsabilidad es una de ellas. A sus hijos e hijas no les falta nada. Para financiar la camada hay que producir todo el tiempo. Trabajar como mula. Duro. Muy duro.  

Eso le pasa por perro, dice la mamá. Y por burro.

Aunque sus jornadas laborales son interminables, las cuentas no siempre cuadran. Por suerte existe el tío prestamista, al que Max describe como el tío culebra, ya que constantemente le presta plata, y, por ende, no solo son familia, sino prestamista y deudor.

Eso sí, el multipadre siempre anda mosca para no colgarse en los pagos. No puede hacer lo mismo que un primo que se puso de abeja a incumplir y claro, se le cerró la fuente de financiamiento.

No es la única estrategia económica. Se han especializado en ir (él y su prole) a múltiples actividades en plan de patos —invitados o colados—. No importa la modalidad, lo que importa es no pagar o pagar menos.

Además, siempre anda a la caza de ingresos adicionales. Como el más avezado de los lagartos,  persigue insistentemente y elogia (reiteradamente) a potenciales jefes, socios o clientes. Y si asegura el negocio lo cuida mediante una estratégica relación que combina sumisión con lambonería. 

Max acepta que eso de ser sapo a veces no es digno, pero el tipo tiene sus prioridades. Por su elevado tren de gastos vive con el temor constante de no poder responder. A la hora de cuidar las ganancias, es prudente tirando (bastante) a miedoso. Come callado y aguanta todo. Sí, puede ser valiente cual gallo en otros escenarios, pero en el ámbito laboral es cobarde cual gallina.

Sobra decir que se le ve siempre ocupado. Su jornada diaria es la de una hormiga. En el escaso tiempo libre que maneja ha escuchado una palabra nueva. Describe cierta tendencia juvenil donde las personas asumen comportamientos extraños o se identifican con especies diferentes al ser humano. 

Es algo así como therians (teriano en español). Gente que actúa como animales. A Max le suena bastante exótico el asunto.

¿O no?