miércoles, 30 de julio de 2025

La señora María


— Buenos días. Hágame un favor, ¿puede llamar a la señora María?

— ¿A quién?

— A la señora María. Yo sé que ella normalmente no está aquí.

— Oiga pero…

— Déjeme termino de explicarle. Yo sé que ella viene poco por acá y por eso fui a buscarla a la casa.

— Sí, espe…

— Y ahí fue donde me atendió el hijo, que me dijo que ella hoy iba a pasar un rato por el negocio. 

— Lo que yo quiero…

— Ustedes saben, ella es una de las dueñas de esta panadería, tiene la sociedad con los hermanos, Jacinto y Antonio. Pero ellos poco vienen por el negocio, para eso tienen al administrador.

— Es que esta panadería…

— Pero el hijo me mandó para acá. Me explicó algo de un proveedor que iba a traer una oferta y que por lo menos uno de los dueños debía estar.

— Está seguro de…

— Por eso la señora María iba a pasar un momento por acá. Pero por favor dígame, está o no está.

— No. Aquí no está la señora María…

— Qué problema. Ya llevó un par de días buscándola y es como que siempre llego cuando se acaba de ir. Y es de las que no contestan el teléfono ni usa los mensajes así que la única forma de ubicarla es personalmente. ¿Usted por casualidad no sabe si ya vino o si llega más tarde? Yo trato de volver pero esta tarde estoy como embolatado.

— No sé si va a venir pero necesito explicarle…

— Yo entiendo y de verdad le agradezco que me preste atención mientras espero un rato a ver si llega la señora María, aunque si no va a llegar pronto de repente me sale mejor ir a hacer las otras cosas que tengo pendientes y con eso me despejo y tengo la posibilidad de volver más tarde.

— Oiga, y si se puede saber, para qué necesita como tan urgente a la señora María.

— Claro que sí, eso no es ningún secreto. Es que necesito cuadrar con ella el asunto de la primera comunión de la nieta. Cristina, creo que se llama. La señora María me contactó para que le organizara lo de la comida y cuadramos lo del ponqué, lo de la lechona, lo del coctelito para los que no tomen cerveza, lo de la gaseosa para los niños pero resulta que me quedó mal el tipo de la lechona. Bueno, en verdad no me quedó mal sino que me avisó que no me puede cumplir. Pero eso no es problema porque yo tengo como armar un plato frío, unos tamales, un arroz mixto. Opciones es lo que hay. 

— Ajá.

— Es que no es la primera vez que me pasa. Problemas nunca faltan pero cuando hay tiempo todo tiene solución. Eso sí, yo no me puedo mover hasta que el cliente me autorice. Ustedes saben, es como si alguien llega y pide un roscón y pues si no hay roscones no le pueden dar así no más otra cosa, un pan francés, un blandito, yo que sé. Toca preguntar primero.

— Claro que sí.

— Y es que tiene que ser ella la que me confirme. Le dije al hijo y él me explicó que aunque la hija de él es la festejada, pues su mamá es la que organiza y paga la fiesta y entonces ella decide.

— Entiendo. Lo único que le puedo decir es que la señora María no ha venido por acá y no sé si venga.

— Bueno. Creo que lo mejor es irme y tratar de volver más tarde o de buscarla en la casa. Muchas gracias por todo y feliz día.

Epílogo

—Oiga, el dueño de este negocio no se llama Gonzalo.

— Sí.

— Y es único dueño, ¿cierto? No tiene ninguna sociedad con hermanos ni nada parecido.

— Que yo sepa sí, así es.

— ¿Entonces ese tipo de quién estaba hablando?

— Pues no tengo ni idea. Yo traté de explicarle pero no me dejó. Pero si aparece una señora María a preguntar, ya podemos decirle quien y para qué la están buscando.

 

miércoles, 23 de julio de 2025

Prioridades perversas

En el principio fueron las filas. Colas interminables. Muchas veces al sol y al agua. Avanzaban lenta y perezosamente desafiando la paciencia y devorando el tiempo disponible. Estaban en el cine, en el banco, en las oficinas públicas, en los almacenes, en los colegios, en las universidades. En todas partes. 

Aristides entró por ahí al mundo laboral. Estrenando cédula se enganchó como mensajero. Las diligencias ajenas fueron su destino. Hacer filas su rutina. Pasaba de una formación a otra mientras consignaba, pagaba, retiraba, reclamaba, recogía y despachaba mandados empresariales y personales. 

Mucho tiempo pasó, el tipo se dedicó a otras cosas y un día cumplió requisitos y amaneció pensionado. Con cantidades industriales de tiempo libre y escasez crónica de alternativas para ocuparlo. Volvió a sus orígenes. Ahora es el mandadero oficial de la familia. Periódicamente algún pariente lo contacta y tras el saludo viene un “Ari (o tío Ari, o don Aristides, o mijo, o Aristi…) será que me puedes ayudar con… 

Todos felices. Se aprovecha la capacidad instalada (y desprogramada). Se evitan visitas tan inoportunas como interminables. Se le colabora al pariente para que tenga algo que hacer. Además, el viejo no cobra. El jubilado del clan  es agendado periódicamente para pagar servicios públicos, reclamar medicamentos, tramitar documentos o recoger algún pendiente en casa ajena, centro de despacho u oficina pública.

Aristides evolucionó. Las filas también. Ya no se ven tanto. Las tecnologías modernas permiten hacer desde cualquier parte lo que antes demandaba desplazarse y alinearse en algún lugar. Y donde todavía hay presencialidad y muchas personas prestan el mismo servicio (cajeros de banco, por ejemplo) ya no es una fila para cada uno (lo que siempre terminaba en filas rápidas y filas lentas). A punta de postes separadores y cintas retractiles crearon la fila única.  Se democratizó el asunto. Ahora la fila lenta es para todos.

Otra novedad son las fichas. En vez de hacer filas eternas durante todo el día, se hace una sola, madrugadora, para recibir un número. Y después a esperar el llamado sin tener que estar respirándole en la nuca a alguien. La misma repartición de turnos ha cambiado. Hoy no es ese tipo que aparecía en la puerta a primera hora con una caja de fichas plásticas o de madera, o con un rollo de papelitos numerados. Hoy es una máquina (donde el interesado teclea sus datos) la que entrega el respectivo desprendible. 

Descrito así, suena perfecto, pero ademas de una curiosa subespecie que trafica fichas, hay otro problema. Resulta que los turnos no se asignan en orden de llegada. No. Los usuarios se clasifican en grupos diferentes,  normalmente identificados por una letra, y así los van llamando. La idea sería buena, si alguien entendiera su lógica... en caso de que la tenga.

Se supone que hay un código prioritario para la tercera edad, pero van primero los que escogieron atención normal. O por cada veterano despachan 10 “juveniles”. O la máquina pregunta de forma inquisitiva el tipo de servicio requerido pero, a la hora de la atención, los servicios se prestan indistintamente por cualquiera en cualquier orden. Misteriosas razones convierten al empleado en hora de almuerzo en un B, a la señora de edad en una C, al mensajero en una A, al cliente tradicional en una Z y al ocasional en una J. 

La pantalla gigante o la voz de los encargados tienen la función de notificar quien sigue. Reina ese "orden" basado en la más misteriosa de las prioridades. Quien lleva una hora esperando ve resignado como convocan a quienes apenas acaban de llegar. El cliente con décadas de uso de los servicios se ve desplazado por usuarios ocasionales. En la pantalla aparecen 10 categorías diferentes, cada una con su letra, donde la única que falta es la de él o la de ella.

O para ser específicos, la de Aristides. Menos mal que ya no tiene afán.

miércoles, 16 de julio de 2025

Sentido de la oportunidad

En tiempos lejanos presentamos ante el mundo cierto personaje que se caracterizaba por estar siempre dispuesto a dar lo mejor de sí a la persona equivocada en el momento o lugar incorrecto. Es un rosario de propósitos positivos e intenciones que suelen terminar en un calvario de metidas de pata. No sabemos si este individuo aún anda por ahí, pero hoy lo recordaremos.

Fabio vive lleno de buenas intenciones. Eso no lo discute nadie. Tampoco se le puede criticar por falta de colaboración. Todo lo contrario. Siempre está dispuesto a ayudar. El problema radica en que tiene la habilidad de ser el tipo más inoportuno sobre la faz de la tierra.

Es un don. De todas las actitudes que pueden asumirse en una situación, Fabio siempre escoge la menos recomendable. O la más inadecuada. Para la muestra, varios botones.

- Después de la tragedia del huracán, Fabio se ofreció de voluntario en labores de apoyo destinadas a un campamento de damnificados. Consiguieron un sistema de video y le pidieron el favor de que buscara algunas películas con el fin de que las víctimas se entretuvieran mientras reorganizaban sus vidas. Escogió "Lo que el viento se llevó", “Tornado” y, para los niños, “El mago de Oz”.

- Un grupo de retenidos en la cárcel local han decidido conformar un grupo de lectura, y le solicitan a Fabio el favor de que les consiga libros. Él selecciona: “Alas de Libertad", "Nacido Libre" y “Como disfrutar de los espacios abiertos".

- En otra tragedia natural, Fabio formó parte de los grupos destinados a recoger ropa para los damnificados. Así, Julián consiguió 270 pantalones, Maria Cristina 100 pares de zapatos, Otto 410 camisas, Gloria 160 faldas, Patricia 300 suéteres y Fabio 586... corbatas

- El vecino demoró todo el día limpiando el jardín. Cuando ya tiene toda la basura organizada y acumulada en un rincón, llega Fabio a mostrarle, lleno de orgullo, como funciona su nuevo ventilador recargable de energía solar.

- Fabio siempre está dispuesto a participar en las dinámicas de amigo secreto de sus entornos laborales y familiares. Sus antecedentes en esta actividad incluyen, entre otros, la entrega de los siguientes obsequios:

    • Botella de whisky al jefe, alcohólico en recuperación.
    • Caja de chocolates al diabético de la oficina.
    • Ramo de rosas a la hermosa mujer que es dueña de una igualmente hermosa… floristería.
    • Anillo de oro a una amiga que perdió las dos manos en un accidente de trabajo.
    • En el reencuentro con los compañeros de colegio, una colección clásica de revista para adultos a un viejo amigo de infancia, (Nota, el amigo es, actualmente, el obispo coadjutor de la pastoral de defensa de la moral). 
    • Un primoroso muñequito para colgar del espejo al compañero de oficina a quien ese mismo día, por la mañana, le robaron el carro.
    • Dos hermosos cachorros de San Bernardo para la pareja de recién casados, que viven en un apartaestudio en el último piso.
    • Sendos pitos a los cinco niños justo el día en que a la respectiva mamá, recién operada, le recetaron varias semanas de paz y silencio.
    • Un rompecabezas de 500 piezas para armar al más estresado y menos paciente de los colegas.

miércoles, 9 de julio de 2025

Carrasposo

Un día ya lejano la prima Marta descubrió, horrorizada, que el primo Julio despachaba su afeitada diaria con el mismo jabón que lavaba manos, acompañaba ducha y atendía ocasionalmente otros servicios de aseo. Al advertir al pariente sobre posibles efectos negativos en la piel, este (o sea Julio) contestó que eso era invento de publicistas para vender lociones, cremas, espumas y menjurjes. Y remató con frase lapidaria, “a mí no me la va a ganar la sociedad de consumo”.

La conversación terminó pero la prima no se iba a rendir tan fácil. Todos los años, sin excepción, Julio recibió en Navidad y cumpleaños crema, gel o alguna variante para después de afeitar, de las que prometen sensación de suavidad y efecto revitalizante, sea lo que sea eso. Casi todas terminaron como regalo de última hora para terceros, donación a interesados o simplemente basura. El jabón seguía invicto.

Eso fue hasta tiempos recientes, cuando tuvo que renovar zapatos. Julio es de pata grande y presupuesto variable. Eso de calzar 45 tirando a 46 lo obligó a solucionar sus necesidades de calzado en comercios medio clandestinos ubicados en zonas industriales. Lo que hoy llaman outlets y antes se conocían como saldos e imperfectos. Allí encuentra dotación para sus kilométricos pies a precios bastante razonables.

Al final de la compra, mientras pagaba los tenis destinados a su relación con el piso hasta nueva orden la cajera hizo una extraña propuesta. “Tenemos crema para el cuerpo en promoción, ¿le interesa?” No le interesó, pero sí le pareció exótico que en el punto de fábrica de una fábrica de zapatos le ofrecieran tal producto. 

Fue el banderazo de una curiosa y monotemática ofensiva comercial. Siguieron los mensajes de texto. Los que vienen de esas listas de distribución en las que uno quedó automáticamente suscrito al pedir un domicilio, inscribirse en algún programa de fidelización o pedir una factura electrónica. O sencillamente al entregar datos inocentemente sin saber que terminarían en el mercado negro de bases de datos.

El hipermercado le envió información sobre el madrugón con precios especiales en la línea dermocosmética, definida por alguna inteligencia artificial como cuidado y mejora estética de la piel. De la droguería lo invitaban a probar una nueva marca de productos destinados al embellecimiento cutáneo. Durante un periodo no superior al mes, lo bombardearon con avisos de jabones, mascarillas, vitaminas, aerosoles y bloqueadores especializados en el pellejo del personal con su dosis de descuentos, obviamente,  imperdibles.

El primo descartó definitivamente explicaciones basadas en algoritmos durante una visita al centro comercial de siempre. Ahí, en un corredor, presuntamente peatonal, instalaron un quiosco provisional donde promocionaban, como no, cremas naturales para nutrir la piel. Y en el recién inaugurado mall (otro centro comercial pero con nombre gringo) el primer local ofrecía una amplia gama de marcas y productos para proteger, perfeccionar y suavizar la capa exterior del ser humano. Servicio unisexo y asesoría personal.

En plena temporada dermatológica, Julio se pasó la mano lentamente por el rostro como lo había hecho miles de veces a la largo de su vida. Por primera vez sintió algo áspero que obstaculizaba el movimiento y causaba cierta sensación incómoda, que nunca antes había notado. Podía ser su imaginación, pero...  

Aunque nunca lo reconoció, de repente se volvió prioridad rebuscar en el rincón de los regalos inútiles algún sobreviviente de los obsequios de la prima Marta para estrenarlo en la siguiente rasurada.

La sociedad de consumo había triunfado.

miércoles, 2 de julio de 2025

Misterios de la casa grande

A la hora de construir lugares de residencia, cada vez optimizan más el espacio. Eso traduce en acomodar uno encima de otro apartamentos “familiares” que ocupan áreas equivalentes a la que antes se dedicaba a los baños. Para equilibrar, lo que sí crece de forma inatajable es el precio. Eso es problema de economistas, arquitectos, sociólogos, banqueros, ingenieros y maestros de obra. 

Nuestro problema es de viejos, veteranos, usados, cuchos y demás. De quienes tuvimos la oportunidad de crecer en casa más o menos grande. Por lo menos, lo suficientemente grande para tener misterio (s) propio. Preguntas cuya respuesta aún ignoramos y que, incluso, se replican en tiempos modernos y hogares de dimensiones mínimas.  Van 20 de mi cosecha y, como estoy seguro de que hay muchas más, los invito a dejarlas en los comentarios.

   1. ¿Qué había en ese cajón, puerta, caja grande y hasta cuarto que nunca se abría y cuyo contenido era y sigue siendo absolutamente desconocido?

    2. ¿Qué fue en sus comienzos el trapo de la cocina, antes de convertirse en ese pedazo de tela multiusos, siempre húmedo con algún rezago visual de un pasado más digno?

    3. ¿Por qué sin importar lo moderna que fuera la cocina de gas y las veces que se renovara, siempre se seguía encendiendo con el mismo viejo mechero?

    4. ¿Por qué la casa tenía un comedor si siempre comíamos en la cocina?

    5. ¿Cuáles eran las emergencias que se supone deberían atenderse en el baño de emergencia?

    6. ¿Quién era San Alejo y por qué tenía un cuarto propio lleno de cosas inútiles o de adornos que solo se utilizaban en el fin de año?

    7. ¿De dónde salió esa bicicleta estática, caminadora u otro aparato para gimnasia que nadie utilizaba?

    8. ¿Cuál era el origen de esa extraño y oxidada estructura metálica que había en la terraza o en un rincón del patio?

    9. Y hablando de patios, ¿de dónde salió esa flor o vegetal que nadie sembró?

    10. Si existía más de una puerta de acceso. ¿cuál era el criterio para establecer cuál era la de uso permanente, la que solo se abría en ocasiones especiales y la que nunca se utilizaba?

    11. ¿Qué explicación tenía ese infaltable rincón a medio construir, a medio pintar, a medio resanar, a medio arreglar que nunca finiquitaron?

    12. ¿Qué justificaba el hecho de que, no importaba la disponibilidad de espacio, siempre había que guardar algo debajo de las camas?

    13. ¿Quién o quiénes eran los de esa vieja foto colgada en algún corredor que un día desapareció misteriosamente?

    14. ¿Porqué existía un mueble estilo vitrina lleno de utensilios útiles (vasos, platos, cubiertos, jarras) que permanecía bajo llave y cuyo contenido nunca se usaba?

    15.  ¿Cual era la historia de la mancha oculta detrás del cuadro con la foto de los abuelos?

    16. ¿Qué principio físico o acústico generaba la extraña filtración de sonidos de las casas vecinas, con la curiosa sensación de que la fuente del ruido estaba en la nuestra?

    17. ¿Si nacimos y crecimos ahí, por qué tanto miedo (no solo nuestro sino de los adultos) a quedarnos solos en esa casa por primera vez? 

    18.  ¿Porque los pasitos atribuidos a ratas y ratones se escuchaban encima de nosotros, si esos bichos no vuelan?

    19. ¿Por qué cuando la vida nos da la oportunidad de volver a la casa de la infancia después de mucho tiempo, la primera impresión siempre es que todo solía ser más grande?

    20. ¿Dónde terminó ese mueble, objeto, instrumento o similares que toda la familia recuerda, pero cuyo destino nadie conoce?