— Buenos días. Hágame un favor, ¿puede llamar a la señora María?
— ¿A quién?
— A la señora María. Yo sé que ella normalmente no está aquí.
— Oiga pero…
— Déjeme termino de explicarle. Yo sé que ella viene poco por acá y por eso fui a buscarla a la casa.
— Sí, espe…
— Y ahí fue donde me atendió el hijo, que me dijo que ella hoy iba a pasar un rato por el negocio.
— Lo que yo quiero…
— Ustedes saben, ella es una de las dueñas de esta panadería, tiene la sociedad con los hermanos, Jacinto y Antonio. Pero ellos poco vienen por el negocio, para eso tienen al administrador.
— Es que esta panadería…
— Pero el hijo me mandó para acá. Me explicó algo de un proveedor que iba a traer una oferta y que por lo menos uno de los dueños debía estar.
— Está seguro de…
— Por eso la señora María iba a pasar un momento por acá. Pero por favor dígame, está o no está.
— No. Aquí no está la señora María…
— Qué problema. Ya llevó un par de días buscándola y es como que siempre llego cuando se acaba de ir. Y es de las que no contestan el teléfono ni usa los mensajes así que la única forma de ubicarla es personalmente. ¿Usted por casualidad no sabe si ya vino o si llega más tarde? Yo trato de volver pero esta tarde estoy como embolatado.
— No sé si va a venir pero necesito explicarle…
— Yo entiendo y de verdad le agradezco que me preste atención mientras espero un rato a ver si llega la señora María, aunque si no va a llegar pronto de repente me sale mejor ir a hacer las otras cosas que tengo pendientes y con eso me despejo y tengo la posibilidad de volver más tarde.
— Oiga, y si se puede saber, para qué necesita como tan urgente a la señora María.
— Claro que sí, eso no es ningún secreto. Es que necesito cuadrar con ella el asunto de la primera comunión de la nieta. Cristina, creo que se llama. La señora María me contactó para que le organizara lo de la comida y cuadramos lo del ponqué, lo de la lechona, lo del coctelito para los que no tomen cerveza, lo de la gaseosa para los niños pero resulta que me quedó mal el tipo de la lechona. Bueno, en verdad no me quedó mal sino que me avisó que no me puede cumplir. Pero eso no es problema porque yo tengo como armar un plato frío, unos tamales, un arroz mixto. Opciones es lo que hay.
— Ajá.
— Es que no es la primera vez que me pasa. Problemas nunca faltan pero cuando hay tiempo todo tiene solución. Eso sí, yo no me puedo mover hasta que el cliente me autorice. Ustedes saben, es como si alguien llega y pide un roscón y pues si no hay roscones no le pueden dar así no más otra cosa, un pan francés, un blandito, yo que sé. Toca preguntar primero.
— Claro que sí.
— Y es que tiene que ser ella la que me confirme. Le dije al hijo y él me explicó que aunque la hija de él es la festejada, pues su mamá es la que organiza y paga la fiesta y entonces ella decide.
— Entiendo. Lo único que le puedo decir es que la señora María no ha venido por acá y no sé si venga.
— Bueno. Creo que lo mejor es irme y tratar de volver más tarde o de buscarla en la casa. Muchas gracias por todo y feliz día.
Epílogo
—Oiga, el dueño de este negocio no se llama Gonzalo.
— Sí.
— Y es único dueño, ¿cierto? No tiene ninguna sociedad con hermanos ni nada parecido.
— Que yo sepa sí, así es.
— ¿Entonces ese tipo de quién estaba hablando?
— Pues no tengo ni idea. Yo traté de explicarle pero no me dejó. Pero si aparece una señora María a preguntar, ya podemos decirle quien y para qué la están buscando.

Ja ja ja muy bueno
ResponderEliminarGracias. Cada ja justifica el trabajo.
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