Que ahora en vez de niños la gente tiene perros. Que los animales son seres sintientes, no propiedad. Que en los divorcios la custodia de la mascota importa más que el carro. Y podríamos seguir indefinidamente con el tema canino en la narrativa del Siglo XXI. Pocos o ninguno, sin embargo, han abordado un asunto clave.
A diario, cuadrúpedos y bípedos en plan de ejercicio y otros inaplazables ocupan andenes y parques. Una industria de correas, arneses, pecheras, collares, riñoneras, cinturones, bozales y demás accesorios surte la movilización animal. Los humanos de la ecuación pueden ser rutinarios, esporádicos o profesionales. Su indumentaria va desde el deporte extremo hasta la elegancia laboral. Todos los elementos han sido analizados, clasificados y, sobre todo, monetizados (palabra de moda que significa sacarle plata a algo).
Sin embargo, hasta ahora no hemos visto investigaciones sobre un comportamiento trascendental. Pero eso se acaba hoy. Vamos a intentar una primera aproximación a la pregunta clave. A la hora del paseo ¿Cuál es la cara que debe poner el sujeto o la sujeta que acompaña al perro, a la perra o a la manada? Van opciones.
- Cara de felicidad. Expresión inequívoca en el rostro de que la actividad realizada no solo es voluntaria, sino que produce sensaciones como satisfacción, gozo o placer.
- Cara de resignación. Imagen facial que evidencia dos mensajes: 1. Le tocó (aunque intentó evitarlo, pero no pudo) hacer el recorrido con canino incorporado y 2. Preferiría estar en otra parte.
- Cara de arrastrado. Rostro nervioso y tenso, igual que el resto del cuerpo, mientras mide fuerzas con una bestia que quiere ir más rápido, hacia otro lugar o simplemente hace lo que le da la gana.
- Cara de animalista. Semblante que proclama superioridad moral de quien maneja del discurso de la igualdad entre las especies.
- Cara coqueta. Facciones organizadas para generar simpatía en el sexo opuesto (admite variantes según gustos personales).
- Cara de alerta. Basada en antecedentes conflictivos, escandalosos o incómodamente juguetones, evidencia preocupación por reacciones del paseado al cruzarse con otros de su misma especie.
- Cara de encartado. Rasgos que mezclan la preocupación, la ignorancia y la incertidumbre de quien es novato o novata en eso de pasear perro. Se nota más cuando son perros (de dos para arriba).
- Cara de pareja. Fisonomía intencionalmente indescifrable de quien está acompañando al paseador o a la paseadora solo por ganar puntos en sus relaciones erótico-afectivas.
- Cara de estresado. Rostro donde se reflejan preocupaciones y tensiones de la vida diaria que, se supone, iban a reducirse por medio del efecto relajante de la caminata humano-canina.
- Cara de angustia. Lo mismo que la anterior pero cuando ya se ha perdido la esperanza.
- Cara de ponqué. Dulzura facial que genera ternura, complementando (o compitiendo con) una mascotas de esas que parece fugitiva de una fábrica de peluches administrada por ángeles.
- Cara de cuál perro. Expresión despreocupada con un toque de despiste de quien ha olvidado, o sencillamente no le importa el destino del ser viviente ubicado al otro lado de la correa.
- Caras de llamada. Aparecen cuando el paseador o la paseadora combina su movilización con una conversación telefónica. Depende, por supuesto, del contenido de la comunicación así:
- La laboral. Es la misma que se utiliza en juntas, reuniones de trabajo, coordinaciones de equipo y demás escenarios corporativos como el que tocó improvisar en medio de la salida canina.
- La chismosa. Ojos abiertos y sonrisa maliciosa mientras el conocimiento sobre actividades o historias ajenas se enriquece gracias a algún interlocutor excesivamente comunicativo.
- La preocupada. Se oscurece el semblante y el ceño se arruga mientras el paseante inicia el retorno a la base, porque recibió una mala noticia y se requiere reacción inmediata.
- Cara misteriosa. Con tapabocas.
Tiene toda la razón es una actividad que apareció en este siglo y que pone a algunos en la escala de poder por debajo de la susodicha mascota que shora tiene todos los derechos
ResponderEliminarAnte tan contundente comentario, solo resta poner cara de reflexión y expresar agradecimiento. Pero no hay que tomárselo tan en serio.
EliminarAhira al pasar por un parque repleto de mascotas haciendo sus necesidades con sus dueños listos a recogerlas DONDE ESTÁN LOS NIÑOS?
ResponderEliminar¿Jugando con el play station y hablando con la inteligencia artificial?
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