El aparato suena, vibra, o suena y vibra. El joven lo saca del bolsillo, de la cartera, del estuche, lo mira y... No contesta.
El señor Salgado (exjoven) considera ese comportamiento absurdo e inaceptable. ¿De qué sirve tener teléfonos costosos, modernos y versátiles, si no se utilizan para hablar por teléfono?
Él, en cambio, siempre responde. Diariamente dedica un creciente tiempo a desperdiciar alós que jamás reciben réplica, pues inmediatamente, o tras un incómodo silencio, la misteriosa llamada se corta. Doblemente misteriosa cuando el número que registra su dispositivo muestra orígenes internacionales como Países Bajos, Nigeria, Dubai o algún pueblo perdido de Alaska. Locaciones donde el tipo no conoce a nadie, jamás ha estado y no piensa volver.
Otras veces del otro lado de la línea plantean una oferta comercial. Salgado trata de obtener detalles o de expresar educadamente que no le interesa pero el interlocutor sigue hablando. Pasan varios minutos hasta que el hombre descubre que está “conversando” con una grabación.
Ahora, las comunicaciones comerciales son más fáciles de administrar con una máquina que con una persona. A la grabación se le puede colgar. Al vendedor o vendedora del call center también, si no fuera porque este parece tener a la mano una lista interminable de argumentos para mantener el diálogo con Salgado.
No tengo tiempo... ofrecen llamarlo de nuevo. Ya tengo ese producto... le sueltan mil razones para renovarlo. No me interesa... preguntan por qué y le arman conversación. No molesten y cuelga… se dispara un acoso de llamadas desde múltiples números que puede durar horas, días, semanas…
A eso se le agregan otras comunicaciones con noticias como que ganó alguna rifa en la que jamás se anotó, que debe hacer urgentemente algún ajuste en sus servicios bancarios, o de algún pariente que nunca había oído nombrar quien le pide dinero, ¡urgentemente!.
El señor Salgado aprendió (tras girar gastos de envío para un premio que, años después, no ha llegado) a verificar cuidadosamente antes de actuar. Más cuando abundan las historias que terminaron en pérdidas económicas mucho más grandes que la que él tuvo.
Claro que existe una forma sencilla de evitar estos y otros problemas. No contestar las llamadas cuando provengan de números desconocidos.
Lo aburridor es reconocer que, de nuevo, los jóvenes tienen razón.

Absolutamente real! Y lo peor es que cuando uno no contesta, resulta ser una llamada de la EPS confirmando una cita que estaba esperando hace 6 meses ! 😩
ResponderEliminarSe pierde porque se pierde. Gracias por comentar.
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