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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Brecha generacional en vivo y en directo

El señor Salgado no estaba invitado. Tenía un asunto pendiente con la progenitora de la dueña de casa y se habían puesto cita allí por aquello de la equidistancia. Se encontró con un grupo que conversaba sobre la tecnología de moda, la inteligencia artificial, y sus aplicaciones.  El diálogo se movía entre la sorpresa y el asombro, ante las casi infinitas posibilidades reflejadas en cada ejemplo aportado por los asistentes.

El viejo conocido de mamá asumió rol de oyente. Lo de viejo era literal, porque la totalidad de los presentes (anfitriona incluida) ni siquiera había nacido cuando Salgado tuvo una edad similar. Tampoco estaba interesado en participar. Solo debía esperar a la madre, cuadrar su negocio y retirarse discretamente.

Pero un asistente, por mera cortesía, le lanzó una pregunta. Lo malo fue que a Salgado —en vez de seguir en plan de oyente— se le ocurrió echar un discurso sobre como la capacidad de asombro se había ido perdiendo ante la constante innovación tecnológica. Recordó un ejemplo, el compartimiento de los casetes en las radiograbadoras. Se abría mediante un botón que liberaba la tapa como quien suelta un resorte, rápido y de golpe. Hasta que alguien desarrolló una tecnología que ralentizó la apertura. Eso sorprendió a… 

— ¿Radiograbadora? ¿Qué es eso?

Entonces el señor Salgado explicó que antes la música, los deportes y las noticias no se escuchaban en el celular sino en la radio y en artefactos como casetes, y que existieron unos electrodomésticos que, aunque grandes eran portátiles y que prestaban simultáneamente el servicio de receptor de radio y grabadora…

— ¿Qué es un casete?

Entonces el señor Salgado explicó que antes de los servicios de streaming y los formatos tipo mp3 y los CD el formato portátil de música venía en cajas pequeñas con cintas que uno también podía grabar….

— Mi abuela tiene un aparato para ver películas que usa casetes. 

Entonces el señor Salgado explicó que aunque eran el mismo mecanismo esos eran videocasetes. Los casetes eran solo para sonido y además no había que conectar las grabadoras al televisor….

— Cómo así que conectar al televisor.

Entonces el señor Salgado explicó que no había wifi, ni bluetooth, ni ninguna tecnología inalámbrica… Bueno, tal vez sí pero apenas servía para controles remotos, pero para llevar la imagen y el sonido del betamax al televisor tocaba conectar unos cables…. 

— ¿Qué es un betamax?.

Entonces el señor Salgado explicó que era un aparato que hacía lo mismo que un VHS pero por alguna razón la gente prefirió el VHS pero que eso no era lo importante sino el asombro generado entre los usuarios de la época cuando modificaron los compartimientos para insertar casetes en las radiograbadoras de manera que en vez de abrir rápido abrieran despacio...

— ¿Qué es un VHS ? 

Entonces el señor Salgado agradeció, desde lo más hondo de su alma, la llegada providencial de la madre de la dueña de casa, lo que le permitió escapar del laberinto generacional en el que él mismo se había metido.

miércoles, 14 de junio de 2023

Sabiduría en pausa

 


Al fin llegó el momento de la pausa laboral, de disfrutar la más que justificada jubilación y, sobre todo, de socializar las experiencias y conocimientos acumulados a lo largo de la vida. El señor Salgado está listo y dispuesto a compartir su sabiduría con aquellos interesados en escucharlo.

El problema es que, de momento (y el momento ya se cuenta en años) nadie parece interesado.

Y no es por falta de oportunidades. Se entiende mejor con ejemplos. Cuando la hija del primo cercano tuvo la crisis del vestido de los 15 –ella quería un diseño moderno, sus padres el clásico– Salgado simplemente esperó la llamada. Él estaba listo para ejercer en plan conciliador, justo en ese punto medio entre la tradición y la vanguardia.

La fiesta de 15 fue el año pasado y no lo han llamado todavía.

Tipo práctico y con mucho tiempo libre, el hombre entendió la necesidad de evidenciar más su disposición orientadora. Al conocer las intenciones de adquirir vivienda de otro pariente, se le ocurrió que una visita oportuna le permitiría compartir su experiencia en el mercado inmobiliario.  La visita fue oportuna, pero por otra razón. Llegó justo cuando tocaba sacar al perro y todos estaban ocupados. ¿Resultado? Salgado tiene otra experiencia para compartir: recomendaciones prácticas para impedir que un gran danés arrastre por el piso a un paseador improvisado.

Los familiares compraron su casa sin conocer la altamente informada opinión de Salgado, a quien, por cierto, también descartaron por incompetente a la hora de solicitar servicios de paseador de perros. 

Este y otros fracasos indujeron al desperdiciado consejero a incrementar la agresividad de sus técnicas. Enterado de un problema que involucra movilidad, menciona –en voz alta– su experiencia en desplazamientos y medios de transporte; recomienda, cuando puede, restaurantes, espectáculos y centros recreativos; introduce –a las patadas– anécdotas en la conversación relativas a los problemas de las nuevas generaciones, cuando las nuevas generaciones, justo en ese momento, hablan con él.

La nueva estrategia generó un interesante proceso de aprendizaje. El potencial consejero ha aprendido varias cosas: cualquier sistema de GPS es considerado mejor –mejor que Salgado– guía para efectos de ir de un lugar a otro; los lugares recomendados por él se dividen en dos: a los que todo el mundo ya fue, y a los que nadie está interesado en ir; y las nuevas generaciones son muy buenas ignorando anécdotas de viejas generaciones.

Curiosamente, la oportunidad llegó del punto más inesperado. La sobrina de la familia perfecta, sin ningún problema económico, con envidiable éxito profesional y un equilibrio impecable entre vida personal y laboral se le acercó un día. En tono confidencial vino la pregunta que llevaba años esperando: “¿Tío, será que le puedo consultar una cosa?”

Haciendo esfuerzos heroicos por parecer indiferente pero receptivo, Salgado alistó todo su arsenal de sabiduría al responder. “¡Claro que sí, cuénteme!”

“Hay una tía de mi marido que es pensionada como usted. La queremos mucho pero…”

Y antes de que Salgado disparara el primer consejo, vino la ráfaga de realidad.

“…creemos que le falta distraerse. Será que usted la puede llevar a algún lado. Yo pago”.

miércoles, 27 de agosto de 2025

Alós de alto riesgo

El aparato suena, vibra, o suena y vibra. El joven lo saca del bolsillo, de la cartera, del estuche, lo mira y... No contesta.

El señor Salgado (exjoven) considera ese comportamiento absurdo e inaceptable. ¿De qué sirve tener teléfonos costosos, modernos y versátiles, si no se utilizan para hablar por teléfono?

Él, en cambio, siempre responde. Diariamente dedica un creciente tiempo a desperdiciar alós que jamás reciben réplica, pues inmediatamente, o tras un incómodo silencio, la misteriosa llamada se corta. Doblemente misteriosa cuando el número que registra su dispositivo muestra orígenes internacionales como Países Bajos, Nigeria, Dubai o algún pueblo perdido de Alaska. Locaciones donde el tipo no conoce a nadie, jamás ha estado y no piensa volver.

Otras veces del otro lado de la línea plantean una oferta comercial. Salgado trata de obtener detalles o de expresar educadamente que no le interesa pero el interlocutor sigue hablando. Pasan varios minutos hasta que el hombre descubre que está “conversando” con una grabación.

Ahora, las comunicaciones comerciales son más fáciles de administrar con una máquina que con una persona. A la grabación se le puede colgar. Al vendedor o vendedora del call center también, si no fuera porque este parece tener a la mano una lista interminable de argumentos para mantener el diálogo con Salgado.

No tengo tiempo... ofrecen llamarlo de nuevo. Ya tengo ese producto... le sueltan mil razones para renovarlo. No me interesa... preguntan por qué y le arman conversación. No molesten y cuelga… se dispara un acoso de llamadas desde múltiples números que puede durar horas, días, semanas…

A eso se le agregan otras comunicaciones con noticias como que ganó alguna rifa en la que jamás se anotó, que debe hacer urgentemente algún ajuste en sus servicios bancarios, o de algún pariente que nunca había oído nombrar quien le pide dinero, ¡urgentemente!.

El señor Salgado aprendió (tras girar gastos de envío para un premio que, años después, no ha llegado) a verificar cuidadosamente antes de actuar. Más cuando abundan las historias que terminaron en pérdidas económicas mucho más grandes que la que él tuvo.

Claro que existe una forma sencilla de evitar estos y otros problemas. No contestar las llamadas cuando provengan de números desconocidos.

Lo aburridor es reconocer que, de nuevo, los jóvenes tienen razón.