miércoles, 6 de agosto de 2025

En la fila

Hace una semana hablábamos de las tribulaciones de un jubilado en su convivencia con las inexplicables máquinas asignadoras de turnos. Cuando él era joven esos aparatos no existían. En cambio abundaban las filas (sí, más que ahora). Este documento sacado de nuestros archivo nos lleva a esos tiempos. A historias olvidadas, pero también a comportamientos del pasado, aunque hay algunos que se niegan a desaparecer. 

Nombre: Aristides. 

Edad: l8 años. 

Oficio: Mensajero.

Destino: Hacer fila.

En resumen, esta es la vida de "Aristi", quien pasa su incipiente mayoría de edad en medio de la guerra de las colas. No la de las gaseosas, ni tampoco lo que ahora se llama derriere. No. Nos estamos refiriendo a la cola del banco, de la corporación, de impuestos, de la electrificadora, del cine, del teatro, del bus, del autoservicio, de la cafetería... en fin. Siempre adelante de alguien, siempre atrás de alguien.

Tal constancia en el arte de cuidar retaguardias le ha permitido al joven desarrollar una nueva rama en el estudio del comportamiento humano. Se llama la "sicología general de la fila" y sus postulados básicos son los siguientes.

1. Cuando tenemos afán en el banco, la persona que va delante de nosotros siempre será un mensajero con 38 consignaciones de 15 cheques cada una.

2. Siempre que prestemos un kilométrico*, nos acordaremos de reclamarlo.

3. Siempre que prestemos un esfero fino con baño de oro, nos olvidaremos de reclamarlo.

4. En toda fila, nunca faltan:
  • El amigo del cajero que se cuela con el mayor desparpajo.
  • La viejita que para ahorrar tiempo, llena cinco consignaciones** y dos comprobantes de retiro con nuestro esfero (ver puntos 2 y 3) apoyada en un monedero.
  • El atarván que a cada minuto grita en estéreo "¡mueeévalooooo!".
  • El jubilado que murmura entre dientes y apenas le dan la oportunidad, lanza una perorata de media hora sobre la irresponsabilidad de los que atienden las ventanillas.
  • El distraído lector que se concentra tanto en su novela***, que se queda quieto (él y los veinte que van detrás) hasta el final del capítulo donde la asesina huye con el mayordomo.
5. En la cola para el cine, forman parte del paisaje los siguientes elementos:
  • Un vendedor de maní, que insiste en embutirnos una muestra gratis de su producto, en una cuchara metálica de color verde.
  • Una pareja de novios que discuten durante media hora de fila, y se arrepienten de entrar a punto de llegar a la taquilla.
  • Un madrugador a la espera de los amigos incumplidos que llega temprano, hace la fila, llega a la taquilla, se sale, vuelve a hacer la fila, llega a la taquilla, se sale, vuelve a hacer la fila hasta que se acaba la fila, cierran la taquilla, cierran el teatro y… llegan los amigos
  • Un optimista que compra una boleta con billete de 10 mil****, y demora 10 minutos peleando con la taquillera que no tiene vueltas.
  • Un revendedor encartado que ofrece las boletas al doble de precio antes de que apaguen las luces, al mismo precio mientras están en los cortos y a mitad de precio poco antes de que cierren la puerta*****.

Traductor intergeneracional


* Kilométrico. Era un esfero de plástico desechable con una mina (también de plástico) más gruesa que las corrientes. La mitad de la tinta se quedaba en los dedos de quien escribía. Eso sí, duraba mucho tiempo y era bien barato.
**Para consignar había que llenar un formulario y 9 de cada 10 usuarios, o algo así, pedían prestado un esfero al primero que estuviera disponible sin ninguna garantía de devolución.
***No había teléfonos inteligentes ni redes sociales, así que la opción de leer para pasar el tiempo requería de libros, revistas, periódicos o cualquier papel, cartón o plástico con letras impresas. 
****No recuerdo con exactitud, pero el precio del cine rondaba los mil pesos o menos, y el billete de 10 mil era el de más alta denominación. El ejemplo actual sería pagar un perro caliente callejero con billete de 100 mil.
*****Las salas de cine no quedaban en centros comerciales. Quedaban sobre la calle. Así que disponían de puertas (normalmente de vidrio) que se cerraban cuando había aforo completo o cuando comenzaba la película y solo se abrían poco antes de terminar la función.

6 comentarios:

  1. Que bueno recordar esos tiempos y ver que a pesar de la tecnología algunas cosas no cambian como menos personal para atender en los bancos a la hora del almuerzo

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    1. De acuerdo aunque, honestamente, diferimos en lo de que sea un buen recuerdo. Gracias por comentar.

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  2. Tal cual, ahora y siempre por los siglos de los siglos..,

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    1. Y por desgracia, lo que sigue es el inevitables amén (así sea).

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  3. Ahora es igual puede que cambien algunos elementos pero suempre hay personas de ese tipo

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    1. Y debemos reconocerlo. No es que "haya personas". Es que, a veces "habemus" personas de ese tipo. Gracias por comentar.

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