En la narrativa femenina de las nuevas generaciones hay un personaje recurrente que el oyente ocasional detecta en conversaciones ajenas: El Man.
Los comentarios escuchados en fragmentos de tertulias entre amigas permiten esbozar algunas características del sujeto en mención, el man, al que de ahora en adelante llamaremos El Man.
Man en inglés significa hombre. El Man pertenece al género masculino. Posiblmente hay equivalentes entre parejas no tradicionales, pero El Man como tal solo se ve en las que involucran hombre (El Man) y mujer.
El Man tuvo algo clasificable como relación de pareja (o por lo menos intentó tenerlo) con aquella que lo invoca. Es importante aclarar que una cosa es una relación de pareja y otra muy distinta es una relación de pareja exitosa. Y aquellas donde se involucra El Man nunca son exitosas. Culpable, por supuesto, El Man.
Voluntad no le falta. Acciones tampoco. En las historias siempre hace algo. El problema, entonces, no es tanto lo que hace, sino como y cuando lo hace.
Ejemplos fuera de contexto citados al azar: …“El Man se apareció en mi casa un domingo por la mañana”; ...“estábamos viendo la película y El Man se acordó de repente de no sé cual partido y cambió el canal”; ...”justo ese día El Man se quedó dormido”; … “El Man quería que yo estuviera con él todos los fines de semana”; ...”El Man me invitó pero cuando llegamos a la fiesta se puso a hablar con los amigos”.
Como se ve, El Man tiene una habilidad innata para asumir comportamientos de esos que incomodan ligeramente, desagradan notoriamente o generan inmediato rechazo. Eso no es tan malo. Lo verdaderamente perverso es que El Man no se da cuenta. No se da cuenta cuando lo hace, no se da cuenta cuando ella reacciona negativamente y, lo peor, no se da cuenta cuando se lo dicen de frente.
El Man no es bruto. Es despistado. De hecho, en algunos casos es tan inteligente que por estar elevado en medio de pensamientos trascendentales falla en comportamientos elementales. Carece de cualquier característica ligeramente parecida al sentido de la oportunidad, por lo que sus comportamientos no son tan malos per se, sino por el momento en el que ocurren.
Por diferentes razones, El Man tiende a estar ahí. Ahí es revoloteando alrededor de la mujer que lo evoca en sus historias. A veces es imposible librarse de él definitivamente. Es un amigo del hermano, es un compañero de estudio o trabajo, es un vecino con rutinas similares a las de la propia familia, o las actividades de los círculos sociales se cruzan constantemente (léase, ella se lo encuentra hasta en la sopa).
El Man pudo ser aspirante, pero también pudo pasar el siguiente nivel, lo que lo convirtió temporalmente en amigovio, novio o cualquier categoría análoga. Lo que no es ni será nunca es “mi ex”. Un ex tiene historias felices o triste, genera odios o amores. El Man solo produce una mezcla de exasperación sazonada con lástima a la que siempre se le adiciona un toquecito (mínimo y casi imperceptible) de simpatía. El Man no despierta pasiones. Se le tolera y, de ser necesario, se interactúa con el.
Sin embargo, las interacciones esporádicas no son su razón de ser, ni la faceta de su existencia que aporta valor al universo. Realmente solo hay algo en lo que es realmente útil, tirando a indispensable.
Es un excelente tema para las conversaciones entre mujeres.

Estas en lo cierto he oído muchas veces sobre “ el man”
ResponderEliminarY aunque sí tiene rango de edad, creo que no tiene estrato.
EliminarEs verdad. Nunca he oído a un hombre hablar de la Woman. De la loca esa siiii
ResponderEliminarTambién se habla de esa vieja o de la vieja esa. Incluso de esa mujer. La clave, como se ve, está en el "esa".
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