Maternalismo geográfico
En todos los países del mundo hay madres, En Cuba son palizadas o conjuntos de leña colocados en orden para hacer carbón. En Honduras se le llama a un insecto madre de culebra.
Por acá en Colombia, en los Llanos Orientales, se habla de madreviejas, que son ríos secos a cuyas orillas cantan los paujiles. En la costa Atlántica existió la expresión madre del caimán, refiriéndose a la progenitora poco cordial con sus hijos. La denominación viene de la leyenda que acusa a los caimanes de devorar a sus hijos al nacer.
Los geógrafos del mundo también han recurrido con bastante frecuencia a la madre. La Madre de Dios, además de la Virgen María, es un río, una isla, un arrabal de la ciudad española de Logroño y un archipiélago chileno. Hay una sierra Madre en México y otra en Filipinas. El país de los aztecas y los Estados Unidos tienen sus lagunas Madre. Una región de Argentina recibe el nombre de Madrevieja.
Tres madres en la mente
El apoyo de la madre es trascendental, pero no solo para los hijos. Es importante para las estructuras que dependen de un madero madre. Es importante para los tubos de alcantarillas y acequias que van a dar a un tubo madre dentro de los sistemas de desagüe de las grandes ciudades.
Es que la madre es algo muy grande. Tanto que el Lexicón de Colombianismos la define como algo "descomunal, atroz, estupendo, formidable, terrible, usado enfáticamente..." (qué despelote tan madre).
Todo ser humano tiene mínimo tres madres en su mente. La mujer que lo trajo al mundo y dos membranas que protegen el cerebro: la duramadre y la piamadre. Las aves, por su parte, poseen una madrecilla situada entre el ovario y el ano. Es allí donde se forman la clara y la cascara de los huevos, en lo que popularmente se conoce como huevera.
Es mucho lo que se ha escrito a esta mujer. Pero lo que pocos conocen es que si no fuera por una madre los discos de vinilo no existirían. Para el ingeniero acústico la madre es aquella matriz que moldea esta antigua modalidad de grabación y reproducción musical que ha tomado un nuevo aire en tiempos recientes.
Madres locas y del cacao
En la Edad Media, los burgueses de la ciudad de Dijon (Francia) crearon una sociedad bufa que se dedicaba a realizar representaciones satíricas. Viajaban de ciudad en ciudad dando a conocer sus farsas. Se llamaban la Sociedad de la Madreloca.
Lo que le pasó a los alegres muchachos de la Madreloca es algo que solo la historia sabe. Pero el destino de otras madres sí es más conocido. Las madreperlas, por ejemplo, son aquellas conchas que residen en el fondo de los mares intertropicales y dan origen a las joyas esféricas que han inspirado a poetas y tentado a piratas.
Grandes hombres han sido hechura de sus madres. Muchas plantas de cacao también. Los hondureños han llamado madre del cacao a una falsa acacia que cultivan junto al vegetal que origina el chocolate, con el fin de darle forma a su enclenque mata.
La mitología del campesino colombiano tiene su buen surtido de madres. Está la Madre del Agua, una mujer hermosa que se roba a los adolescentes y los lleva a su casa, ubicada en el fondo del río.
También están la Madremonte y la Madreselva. La primera es una señora que se representa de diversas formas, algunas poco agradables (con colmillos y cubierta de hojas). Ella practica una dieta de niños recién nacidos. Lo hace en venganza por la destrucción que el hombre hace de la naturaleza. La segunda es una joven misteriosa que cuida a los niños buenos y se lleva a los malos,
Sin embargo, la que más mala prensa acumula es la madre política, o sea la suegra. Y con los avances de la ciencia moderna, desde hace años se habla de la madre probeta y de la madre que arrienda su vientre.
Literatura y algo más
Para los escritores, la madre ha sido una inspiración constante. Una novela de Máximo Gorki (Rusia), un drama de Santiago Rusiñol (España) y un poema de Giovanni Cena (Italia) llevan este nombre.
Gamar Katiba, poeta armenio, escribió una composición llamada “Madre Araxes”. Friedrich Hebel (Alemania) le cantó a las progenitoras en “Madre e hija”. Emilia Pardo Bazán (otra vez España) hizo un extenso relato titulado "Madre naturaleza" y Max Halbe (más Alemania) narró la historia de "Madre Tierra".
Son muchísimas más las personas que han definido la madre, que le han cantado y escrito libros. Una de ellas, el obispo chileno Ramón Ángel Lara, redactó una página en prosa que se ha convertido en clásico y que resume la personalidad de las progenitoras. Este texto que comienza: "Hay una mujer que tiene algo de Dios...”












