miércoles, 3 de junio de 2026

La edad es solo un número

No. Adolfo no se siente viejo. O por lo menos no “tan” viejo. No todavía.

Es cierto que, cumplidos requisitos de edad y cotización, pasó a ser beneficiario del sistema pensional. 

Es cierto que prioriza aquellas actividades que puede desarrollar sin moverse (o por lo menos, sin alejarse demasiado) de su casa.

Es cierto que su círculo de amigos y parientes (sobre todo contemporáneos o mayores) tiende a reducirse.

Es cierto que, en cambio, aumentan sus relaciones profesionales con el honorable cuerpo médico y afines.

Pero aún mantiene su capacidad mental intacta, entrenada a través de los años con trucos mnemotécnicos.

Adolfo es bueno para los números. Al terminar la universidad comenzó a interesarse en política. Aunque había alcanzado la mayoría de edad hace rato, ese año votó por primera vez. Cerca a su casa. Mesa 15. 

No recuerda cuál elección era, por quien votó, si ganó o perdió. Él tiende a relacionar hechos con cifras. Así olvide los detalles. Así que cada vez que hay procesos electorales en su vida el 15 aparece en su mente.

Otro guarismo es 5,96. Corresponde a la nota (sobre 10) que obtuvo en Física en grado 10, gracias a la cual pasó al grado 11. Mucho tiempo después se encontró con su antiguo profesor, ya jubilado. Tomaba café con algunos amigos, igualmente retirados. 5,96 pasó a ser la representación numérica de pensionados aburridos echando tinto y carreta. 

Doce fue el número del cubículo asignado en su primer empleo. Doce se convirtió en la cifra que Adolfo relaciona con experiencia laboral. Cada vez que alguien habla de trabajo, el 12 se proyecta en su mente.

Para proponerle matrimonio a la que hoy es su esposa, la invitó a cenar a restaurante fino. Después de la entrega del anillo y demás arandelas, canceló $117.228 (servicio incluido). Así quedó como número del amor, de la pareja y de la familia.

Ahora que Adolfo disfruta de su jubilación, 12 se ha vuelto un número de apóstoles, de compras de fruta y pan, de cajas de huevos y de meses del año, de esos que pasan sumándole calendarios a la existencia. Ante la abundancia de tiempo libre se reúne con viejos amigos alrededor de una taza de café. Cada vez con mayor frecuencia. En promedio 5 veces por semana, aunque cada vez se acerca más al 6.

También comparte tiempo con la familia, que ya no solo incluye a su esposa sino a sus hijos, sus respectivas parejas y, por supuesto, los nietos. El 117.228 se ha multiplicado.

Como buen ciudadano, siempre cumple con su deber cívico. Hace poco votó. En su país, las mesas electorales se asignan por el número de los documentos de identificación, en orden ascendente. A mayor edad, menor es la cifra que identifica el punto adonde debe acudir el interesado.

Adolfo participó cerca a su casa. Por primera vez le tocó la mesa 1. Esa donde sufragan los más viejos. 

Es cierto que, después de ese día, Adolfo se siente viejo.