González es un desempleado serio. Redujo sus gastos. Canceló sus servicios de streaming, entre otros ajustes presupuestales. Se registró en varios recursos en línea para buscar trabajo. Por ejemplo, una red social cuyo nombre no interesa, pero que evolucionó de contactos profesionales a oferta y demanda laboral.
Han pasado varios meses sin resultados positivos. Eso no significa que los recursos en línea sean inútiles. Es cierto que no han funcionado para efectos de ofertas o procesos con final feliz. Pero sí han reemplazado, y gratis, lo que antes se pagaba por streaming. En la red social mencionada inicialmente todavía no han aparecido opciones exitosas para volver a la población económicamente activa. En cambio, ofrece una combinación de drama, acción, humor, romance y tragedia digna de la mejor televisión por suscripción.
Un día González encontró allí la historia de un aspirante que, luego de su segunda o tercera entrevista perdió todo contacto con el potencial empleador. Ese “Nosotros lo llamamos” que significa “jamás volverá a tener noticias de nosotros”. Cualquier buscador de empleo de los últimos 50 años sabe que eso forma parte del proceso. Pero el narrador le puso un tono melodramático digno de tragedia griega. Shakespeare es un principiante frente a los sentimientos de rabia, impotencia y frustración descritos por el no llamado.
Ese desahogo en línea abrió una tendencia —reforzada por el algoritmo, supone González— de narraciones tristes, patéticas y trágicas de desempleados en ejercicio. Descripciones detalladas de esa pregunta en la entrevista que desencadenó una relación amor-odio entre los protagonistas. Triángulos erótico- laborales con finales sospechosos. Desenlaces inesperados y graciosos cuando se tocó el tema del sueldo. Anécdotas reflexivas de veteranos rechazados por edad en detrimento de la experiencia, o de jóvenes que se quejan de que no les den oportunidades de demostrar sus capacidades solo por la falta de trabajos previos.
Como en la mejor telenovela desfilan historias con implacables puestas en escena. Cada fracaso incluye villano (generalmente la o el potencial empleador) y víctima (generalmente la o el aspirante). Los decisiones administrativas pasan a ser traiciones, las respuestas negativas actos despiadados, las evaluaciones abusos de poder, los comentarios falta de empatía y cualquier comportamiento perversa indiferencia.
Desde el otro lado González también encontró versiones de los hechos. Al universo de los solicitantes se opone el universo de los reclutadores. Ellos tienen sus propios cuentos, donde el clímax y desenlace incluyen entrevistables incumplidos, esos CV con fotos tipo selfie en concierto, postulantes cuyo perfil no tiene nada que ver con el puesto, respuestas incomprensibles, aspirantes que dejan los procesos sin explicación y reacciones agresivas cuando se le informa al interesado que no encaja en lo que se está buscando.
Hay un tercer escritor. El intermediario. Aquel que tiene la fórmula infalible para llevar al éxito las epopeyas laborales. En esos textos abundan —en contraste con los anteriores— los finales felices. Ese detalle, ese cambio de estrategia, esa acción, ese uso de herramientas novedosas. Ese comportamiento disruptivo que convirtió la racha de fracasos en éxito. Como en el cine clásico, aquí ganan los buenos. Curiosamente, el factor que lleva al éxito suele coincidir con un producto o servicio que vende el narrador de turno.
En lo que lee González predominan las búsquedas de empleo. Pero a veces hay relatos cuyos autores le meten drama a otros temas como mercadeo, prendas de vestir, clima laboral, emprendimiento o hábitos alimenticios. Curiosamente, todas las historias tienden a parecerse, no solo en forma sino en contenido. Como si tuvieran un autor común, con una inteligencia similar. ¿Inteligencia artificial? No se sabe.
Pese a todo, los culebrones de la red entretienen a González. Quien, por cierto, nada que consigue trabajo.
Bueno saberlo. Aunque no sé busque empleo , para nosotros los pensionados, puede ser una fuente gratuita de diversión.
ResponderEliminarGracias por comentar
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