miércoles, 29 de julio de 2026

Gritos, mímica, mentiras, familia y fijos

Hace años (no tantos) el teléfono era un electrodoméstico. Uno para toda la casa. Le decían fijo porque no podía desconectarse del cable enchufado a la pared. Solo había una forma de saber quién llamaba: contestando. Hoy el teléfono es multiusos, individual, portátil y te dice quién llama. Es posible ignorar o rechazar la comunicación, así como bloquear al que marcó. Y si es un mensaje de texto, se deja en visto.

No suena muy educado pero es efectivo y eficiente. Soluciona el problema con un esfuerzo mínimo. Hace años el procedimiento no era tan productivo.  Eso sí, era mucho más interesante y divertido

Riinnng riinnng riinnng. Primer grito. Generalmente maternal. ¡Alguien que conteste que estoy ocupaadaaa!

Riinnng riinnng riinnng riinnng riinnng rii… ¿Haló? Un momento. Segundo grito. ¡Maríiaaa. al teléeeeefonooo!

No pasa nada. Tercer grito. ¡MARÍIIIIIIA! QUE LA NECESITAN AL TELÉEEEEFOOOONOOOO!

María y el resto de la familia viven en una casa de dos pisos. El teléfono está en el primero y María puede estar en el segundo nivel, en el patio, en el cuarto más alejado, en el garaje, en la cocina, en el baño o en cualquier otro lugar donde no oye, o donde realiza tareas inaplazables que le impiden contestar.

Para eso están las estaciones repetidoras. El hermanito en el segundo piso se suma al llamado. ¡Maríiiiiaaaa. que tiene una llamada! De alguna parte surge una voz femenina. ¡Voooooyyyy!

Suenan pasos. Finalmente aparece María. Comienza la comunicación.

Esa no. La otra. María gesticula pero no habla. Vocaliza algo. Mueve las manos hacia adelante. Se lleva una de las extremidades al oído derecho mientras gira la otra. Frunce la nariz. Abre los ojos y arruga las pestañas. Contestador de turno se demora un poco pero finalmente entiende el mensaje.

Haló, eh, que pena, ¿de parte de quien? ¿Juan qué, perdón? Juan Pérez, sí, espere un momento.

El rostro de María se descompone. Levanta los brazos y con las palmas abiertas cruza los antebrazos, los separa, los cruza, los separa mientras voltea la cara y hace la señal se negación con la cabeza. Contestador de turno pone cara de impaciencia. Con una mano sostiene el auricular y con la otra gesticula. 

María vocaliza algo. Contestador no entiende. Ella lo dice en voz baja. Contestador no oye. Este le hace la señal manual de espere. Palma abierta al frente moviéndola hacia atrás y hacia adelante. No suelta el auricular, pero con la mano libre bloquea la bocina. La aleja de su cuerpo el máximo posible. María se le acerca y le susurra algo al oído. Contestador la mira feo. María le responde con cara de por favor.

Haló. Es que María no está. Ya buscamos por toda la casa. No, no sé a que horas llega. ¿Le deja alguna razón? Espere busco donde anotar…. Haló. Que lo llame. ¿Ella tiene el número? Yo le digo apenas la vea.

Contestador cuelga. Está bravo. Estoy harto de estas vainas. Para que le da el número a los tipos si después a mí me toca andarla negando.

María no responde pero pone cara de gracias. De le debo una. Total, solo es cuestión de tiempo para que la escena se repita, pero con los roles invertidos.

miércoles, 22 de julio de 2026

Relajación en las alturas

El trabajo lleva a Rojas a una ciudad donde funciona un cable aéreo. Circula mediante el movimiento interminable de cabinas que los usuarios abordan o abandonan en cada estación. En la que le corresponde a Rojas suben él y una señora, de esas a quienes les gusta meterle conversación al trayecto.

¿Usted sabe cuándo le hacen mantenimiento a esto? Yo monto casi todos los días y nunca lo he visto parado en el día. Comienza como a las 5 de la mañana y yo no sé a qué horas lo apagan pero una vez lo cogí como a las 10 y 30 de la noche. Imagínese. Ese cable moviéndose todo el tiempo. Los motores funcionando. Las cabinas con gente entra que sale, sale que entra. ¿Será que eso no se gasta? Me imagino que sí. Como todo. 

Rojas nunca se había subido a una cosa de esas. A duras penas entiende como funciona. Solo le pareció una forma barata, novedosa, interesante y relajante de quemar tiempo mientras llegaba la hora de su vuelo de regreso. No contesta nada, pero está seguro de que debe existir algún esquema de mantenimiento. 

Sabe qué, estoy diciendo mentiras. A veces se para. Le pasó a mi vecina. Pobrecita, ella es muy nerviosa y de repente esta cosa deja de moverse. Y mira para abajo y claro, ese vacío tan grande. Hay un timbre, véalo, para llamar uno en caso de emergencia. Alguien llamó, lo atendieron y les dijeron que tranquilos, que eso no se demoraba. Pero a mi vecina le parecieron horas aunque parece que la cosa solo duró unos minutos.

Rojas se concentra en el paisaje. Edificios, montañas, nubes. Pero no puede reprimir una mirada hacia abajo. Un vacío de muchos metros sin nada diferente de la cabina entre los pasajeros y el lejano piso.

Y que tal una de afán y esta cosa parada. Ahí sí ni modo de hacer lo que hace una cuando se vara el bus. Cómo hace para bajarse y coger otro. Sí, es mucho el tiempo el que se ahorra en cada recorrido, pero si llegara a pararse queda una como y ahora qué hago. Que tal que tenga que coger un avión, esos no esperan.

De todos los recorridos posibles, Rojas había elegido el más largo. Repasa la hora de su vuelo. Mira el reloj.  

Es que imagínese a los que les da mareo. Y a la gente con miedo a las alturas. Los que tienen nosequefobia*. De repente mi vecina es así, aunque si es así quien la manda de boba a subirse a un aparato de estos.

Rojas suelta un ajá de vez en cuando por aquello de no parecer mal educado. Pero ya no mira hacia abajo.

Yo no sé si cuando esto se para y hay viento fuerte las cabinas se mueven. O qué pasa si hay un temblor de tierra. Imagínese si esto se mueve y algún mareado no aguanta y vomita. Uno encerrado con esos olores. Es que ni siquiera tiene que vomitar. Con que a alguien se le salga un gas ya todos llevan del bulto.

Instintivamente Rojas se lleva la mano al estómago. Apreta la manilla de la que está agarrado hace rato.

Por acá nunca ha pasado nada grave, gracias a Dios, pero una nunca sabe. Llegamos. Que le vaya muy bien.

Rojas siente un vaiven. Probablemente imaginario, porque la vecina ni se mosquea. Sale de la cabina con una sensación de alivio al pisar tierra firme. Pasa varios minutos embobado mirando los mecanismos del cable. Mira el reloj con cara de me va a dejar el avión.  Respira mientras siente que algo le cruje en las tripas.

Parecía una forma barata, novedosa, interesante y relajante de pasar el rato. Y sí, fueron tres de cuatro, Pero en este caso, tres de cuatro sí estuvo mal.

*Acrofobia. Fobia a las alturas (primera acepción RAE)

miércoles, 15 de julio de 2026

Devoradores de segundos

El desayuno se demora en llegar, el jugo se va por el camino viejo lo que agrega minutos de tos a su consumo, el agua de la ducha se mantiene fría más segundos que de costumbre, a la hora de lavarse los dientes toca traer crema nueva desde el escaparate de los productos de aseo. Tic tac, tic tac.

Pero Jacinto tiene tiempo para llegar a su cita médica. Incluso maneja un margen de seguridad. Se viste rápidamente en orden metódico. Primero la ropa interior. Luego la camisa. Después los pantalones. Posteriormente el saco. Enseguida las medias.

Termina con las botas. Caña alta. Múltiples agujeros para los cordones. Entran los de abajo. Entran los de la caña. Hora de anudar. Izquierda lista. Va la derecha. El borde de la agujeta (herrete) perdió el plástico y se ha deshilachado. No entra. Hay que enrollarle la punta. Una vez. Otra. Otra. Tic tac, tic tac.

Finalmente lo logra. Hace el nudo. Mira el reloj. Ya perdió el margen. El tiempo es justo. Cualquier demora adicional y llegará tarde. No le extraña.

Jacinto presume de su puntualidad. Hace todo lo posible por anticiparse a los horarios. Organiza. Programa. Madruga. Entonces ellos atacan. Los devoradores de segundos.

Antes de salir de su casa el ser humano realiza múltiples acciones pequeñas, sencillas e inevitables. Rutinas de aseo. Presentación personal. Organización de elementos (necesaria o compulsiva). Alimentación. Habrá particularidades según el tipo de persona, pero todos saben de lo que estamos hablando.

En circunstancias normales cada una de esas actividades se despacha en pocos minutos. A menos que...

Los objetos de la vida diaria se esconden. Misteriosamente. El estuche de las gafas no tiene gafas. El cargador carece de teléfono conectado, o no es posible conectar el teléfono porque no se ve el cargador por ninguna parte. Las llaves de la casa, del carro, de la oficina, se esfumaron. Finalmente todo aparece, pero cada objeto hay que buscarlo donde no debería estar. Tic tac, tic tac.

Imprevistos exóticos se atraviesan en las rutinas diarias. La cremallera del pantalón se traba en plena subida. El botón de la camisa sale volando al atravesar el ojal. El cabello se vuelve rebelde a la hora de la peinada.  El pequeño corte durante la afeitada no deja de gotear sangre. Se evidencia un agujero en la media, después de ponérsela. Todo es solucionable. Pero es tiempo adicional no programado. Tic tac, tic tac.

El café se derrama sobre el documento importante del día. Hay que imprimir otro. El sanitario no descarga adecuadamente al primer intento. Hay que soltar el agua una, dos, tres veces más. Entra esa llamada que toca atender, sí o sí. El reloj de pulso se para. Hora de cambiar pila y ajustar. Tic tac, tic, tac.

Tomados individualmente, cada hecho no implica mayor demora. Pero cuando pasan, pasan todos. Y van consumiendo, segundo a segundo, los márgenes de tiempo necesarios para que Jacinto llegue, sin prisas y puntualmente, a su destino.  Las salidas tranquilas se convierten en carreras contra reloj. Es el ataque de los devoradores de segundos.

La ventaja es que no pasa todos los días.

Solo cuando el hombre, real y justificadamente, tiene afán. Tic tac, tic tac, tic tac.

miércoles, 8 de julio de 2026

33 preguntas escuchadas después del partido

Se acabó. Eliminaron a Colombia del Mundial. Y en casas, negocios, centros comerciales, reuniones informales y de las otras primero hubo un silencio a mil voces, hasta que alguien preguntó. ¿Preguntó qué? Algo como lo que viene a continuación.

    1. ¿Cuántas cuotas es que nos faltan para pagar ese televisor?

    2. ¿Y usted desde cuando fuma?

    3. ¿Y ahora a quien le vendemos todas esas camisetas?

    4. Lo de esa apuesta no era en serio, ¿cierto?

    5. ¿Quién se quiere llevar el trago que sobró?

    6. ¿Usted no me dijo algo hace unos días de que tenía que repetir el semestre, o algo así?

    7. ¿Entonces, mañana sí hay que venir a trabajar?

    8. ¿Alguien sabe cómo se borra un tatuaje de Lucho Díaz?

    9. ¿Cómo era eso de que nos descuadramos para lo del arriendo?

    10. ¿Será que ahora sí podemos conversar lo de la vaca para el pasaje de vuelta de Estados Unidos del primo Alberto?

    11. ¿Quiénes son ustedes y quién los invitó a mi casa?

    12. ¿Y yo por qué tengo que ayudar con la cuenta, si los acabo de conocer, no bebí nada y solo me senté acá porque era la única silla libre?

    13. ¿Y entonces, de qué sirvió tanta gritadera?

    14. ¿Que pagó ¡cuánto! por esa camiseta?

    15. ¿Qué hay de bueno en cine esta semana?

    16. ¿Entonces ahora sí me van a desocupar la sala?

    17. ¿Señorita, puedo cancelar de una vez la suscripción al servicio de TV, o me toca esperar a que termine el Mundial? ¿Cuántos meses mínimo me dice?

    18. ¿Quiénes me van a ayudar con este desorden?

    19. ¿Cuándo vamos a lo de las vacunas? ¿Son para el perro, cierto? ¿Para los niños?

    20. ¿Dónde vamos a guardar las vuvuzelas, los banderines, las banderas del carro, los sombreros, y los panitas? ¿Con lo de la Copa América o lo del Mundial de Rusia?

    21. ¿Qué más hay para ver en televisión?

    22. Yo sé que yo invité pero...¿será que me pueden ayudar con lo de la comida y el trago?

    23. ¿No les dije que eso siempre nos pasa?

    24. ¿Pero por lo menos llenamos el álbum?

    25. A ese techo le hace falta un poco de pintura, ¿cierto?

    26. ¿Para cuando fue que reprogramamos la reunión de trabajo?

    27. ¿Y qué hay para la comida?

    28. ¿Alguien sabe de programas de vacaciones recreativas o algo así para ocupar a estos muchachos hasta el 19 de julio?

    29. ¿Tiene gafas nuevas? ¿Hace cuanto? ¿Un mes? ¿En serio?

    30. ¿Y desde aquí cómo volvemos a la casa?

    31. ¿Cuándo vuelve a jugar Colombia?

    32. ¿Alguien sabe dónde está mi camiseta de Argentina?

    33. ¿De verdad está llorando? ¿Por un partido?

miércoles, 1 de julio de 2026

El dueño

Como buen perro de la calle su árbol genealógico es un verdadero matorral repleto de inusuales y exóticas combinaciones. El resultado final se ve como gozque, camina como gozque, huele a gozque, se comporta como gozque, o sea que es un criollo colombiano. De esos a los que les dicen gozques.

Profundizar en detalles de raza, pedigree, ascendencia o genética sería tesis de grado para veterinario. Preferiblemente en maestría. Idealmente en doctorado con aspiraciones de Nobel

Resulta que los interesados en la ciencia médica que se ocupa de diagnosticar, prevenir y curar todo tipo de enfermedades o lesiones que afecten a animales domésticos, silvestres o de producción (gracias Euroinnova) tienen mejores cosas que hacer. Esa es la razón por la cual ese tema se suma a la lista de misterios que rodean al can en mención.

Es cierto que en ocasiones algún vecino o transeúnte le ofrece alimento. Pero nunca en cantidad y frecuencia suficiente para suplir sus necesidades. Sin embargo, no se le ve flaco ni desnutrido. ¿Cómo lo hace? Nadie sabe. Es más, se da el lujo de ignorar parte de las donaciones proteicas. 

Permanece la mayor parte del día echado en diferentes puntos de sus dominios. El clima de la hora determina si busca sol o sombra. Cuando llueve se levanta (despacio, siempre despacio) se sacude sin esforzarse demasiado y se dirige hacia algún punto cercano donde pueda escampar. Así es su vida mientras está visible, porque otro enigma es cuando desaparece horas, días, semanas. O por siempre

Para los residentes y transeúntes habituales hace rato que se volvió paisaje. Muchos lo vieron, lo ven y lo verán. Es el habitante cuasipermanente de ese sector, de ese punto específico..

No es egoísta. No molesta para nada a quienes utilizan, pasan, o se detienen momentáneamente en el lugar. Jamás le han visto ladrar, gruñir o mirar feo a otro ser vivo.

Una vez se acomoda para su descanso interminable pueden transcurrir a su lado manifestaciones, partidos de fútbol, espectáculos teatrales o musicales, peleas, discusiones, ensayos, prácticas, ferias, fiestas o cualquier otra actividad. Por mucho, si la acción se acerca demasiado, se levantará perezosamente y buscará un lugar más tranquilo donde echarse a disfrutar de su existencia. Afán no tiene. Nunca.

Todos conocen su nombre porque no responde a ninguno. Cada persona interesada lo bautiza como quiere.

De vez en cuando un visitante ocasional del barrio, comuna, caserío, pueblo o ciudad se fija en él. Le toma fotos. Le hace videos. Intenta jugar con el perro. Este no le hace caso. Tímidamente trata de acariciarlo.  El animal no opone resistencia. No le gusta ni le molesta. Simplemente no le importa. El foráneo consulta a algún residente local sobre la “mascota”. Siempre recibirá la misma respuesta. Un día apareció. Llegó de ninguna parte. Sin hacer ruido. Sin presentarse. Sin aspavientos. De repente estaba ahí. Y ahí se quedó.

Puede que para el ordenamiento territorial el parque, plaza, playa, calle, cuadra, acera, esquina sea espacio público. Puede que en ninguna notaría figure escritura que establezca derechos de propiedad.

No importa. Ese lugar es su feudo, su hábitat, su comarca, su demarcación, su dominio, su ámbito.

El perro es el dueño. Y punto.