Se sienten incómodos. No saben exactamente que deben hacer. Ignoran las rutinas pero forman parte de ellas. Quisieran pasar desapercibidos, pero son el centro de atención Los meten a la brava en conversaciones ajenas con el cuento de la integración. Un señora muy bien intencionada les sirve un tinto cargado y sin azúcar, justo como ellos lo detestan. Son las 24 horas más largas de su vida. Son el primer día de trabajo.
A diferencia del primíparo universitario, el primíparo trabajador ni siquiera tiene el consuelo de tener compañía en su desgracia. El está sólo, apoyado únicamente por su valor y ese carnet en el que quedó como mandril sin desayunar. Y así, debe enfrentar situaciones como las siguientes.
- El eficiente celador que insiste en no dejarlo entrar hasta que autorice el gerente, quien llega a las dos de la tarde.
- La secretaria de personal que lo recibe con una lista de 10 documentos, 7 fotocopias autenticadas y ocho formularios que debe llenar para poder firmar contrato.
- El encargado de almacén que le entrega un overol dos tallas más grande bajo la promesa de que "el lunes me llega uno de su tamaño".
- El simpático jefe que muy amablemente le hace seguir a la oficina y no lo deja mover de ella, justo antes de que le entre una llamada del abogado de su ex esposa (la del jefe) interesada en embargarle el 70 por ciento del sueldo.
- El mensajero avivato que cinco minutos después de conocer al nuevo compañero, le pide prestados cinco mil pesos
- La compañera del cubículo del lado que a la media hora de conocerlo, quiera saber hasta su más íntimos secretos
- El neurótico que le hace mala cara cuando entra, mal cara cuando cuelga el saco, mala cara cuando se lo presentan y mala cara, mala cara, mala cara...
- El simpático compañero vegetariano que para darle la bienvenida lo lleva a almorzar berenjena con salsa de soya.
- El gerente general que llega a conocer al nuevo empleado, justo cuando este salió a sacarle copia a la llave del baño.
- El contratista abusivo que ocupa el teléfono una hora.
- El señor desconocido que llega justo cuando el primíparo está solo en la oficina, lo mira de arriba a abajo y le pregunta algo que obviamente el primíparo ignora. ¿Quien era ese desconocido cansón? Obvio, el presidente de la empresa.
miércoles, 11 de junio de 2008
viernes, 6 de junio de 2008
Exageraciones paternales
En algún momento de la vida, el héroe oficial de nuestra existencia es ese señor que ostenta el titulo de papá. En la situación influye - además de su porte y su habilidad para sacar dulces del bolsillo del saco - algunas historias que nos ha contado, sobre relaciones con personajes importantes, aventuras dignas de un héroe de película o viajes maravillosos a tierras lejanas.
Lo cierto es que un día crecemos, y como quien no quiere la cosa, empezamos a repasar mentalmente los cuentos de papá. Y ahí aparecen las incoherencias de fecha, lugar y tiempo. ¿Como pudo jugar en el mismo equipo con Willington Ortiz y Oscar Córdoba en una final para el Mundial?
Ahí descubrimos la triste realidad. Papá no nos mintió, aunque sí exageró "un poquito". Por ejemplo:
Historia: Una vez, estuve en un concierto con Fruko y sus Tesos, hicieron un concurso de salsa y gane el primer lugar con el paso del espagueti.
Realidad: Una vez hicieron un concurso para ver quien era el más teso para comer espagueti con salsa. Papá no ganó, pero pasó una noche en medio del desconcierto.
Historia: Tuvimos una pelea de jóvenes, éramos 5 contra 20. pero los sacamos corriendo a los 18 minutos.
Realidad: Ibamos a pelear seis contra cinco pero ellos, de lo grandes parecían 20. Salimos corriendo y nos persiguieron 18 cuadras.
Historia: En la final del campeonato intercolegial, anoté en el último minuto el gol que nos hizo campeones.
Realidad: En un partido con otro colegio, lesioné en el ultimo minuto al arquero rival, y luego ganamos por penaltys
Historia: Cuando viajé a los Estados Unidos, mi compañero de silla fue Silvester Stallone, quien habla viajado de incógnito a Colombia.
Realidad: Cuando conseguí un puesto de cargamaletas en el aeropuerto, vi a los lejos un tipo idéntico a Silvester Stallone, pero hablaba como boyacense, y era negro.
Historia: Una vez tuve que atravesar el río Magdalena nadando en medio de una tormenta.
Realidad: Una vez me caí a la quebrada la Magdalena, y me sacaron con chinchorro.
Historia: No me casé con Amparo Grisales, cuando a ella no la conocía nadie, porque era en ese tiempo una negrita maluca. Por eso preferí a su mama (la suya mijo, no la de Amparo Grisales)
Realidad: No me casé con Amparo Grisales - la dueña de la tienda de la esquina y homónima de la famosa actriz - porque, es, fue y seguirá siendo, una negrita maluca, y su mamá, pese a todo, es mucho mejor
Historia: Cuando Rafael (el cantante español) vino a Colombia, me habló como se le habla a una amigo de confianza, y me dio recomendaciones para evitar problemas con mi vida.
Realidad: Cuando Rafael , el cantante español, vino a Colombia, le lanzó un grito a un bobo parado en medio de la calle. "¡Quitaos de ahí imbécil, no ves que te vamos a atropellar”!
Lo cierto es que un día crecemos, y como quien no quiere la cosa, empezamos a repasar mentalmente los cuentos de papá. Y ahí aparecen las incoherencias de fecha, lugar y tiempo. ¿Como pudo jugar en el mismo equipo con Willington Ortiz y Oscar Córdoba en una final para el Mundial?
Ahí descubrimos la triste realidad. Papá no nos mintió, aunque sí exageró "un poquito". Por ejemplo:
Historia: Una vez, estuve en un concierto con Fruko y sus Tesos, hicieron un concurso de salsa y gane el primer lugar con el paso del espagueti.
Realidad: Una vez hicieron un concurso para ver quien era el más teso para comer espagueti con salsa. Papá no ganó, pero pasó una noche en medio del desconcierto.
Historia: Tuvimos una pelea de jóvenes, éramos 5 contra 20. pero los sacamos corriendo a los 18 minutos.
Realidad: Ibamos a pelear seis contra cinco pero ellos, de lo grandes parecían 20. Salimos corriendo y nos persiguieron 18 cuadras.
Historia: En la final del campeonato intercolegial, anoté en el último minuto el gol que nos hizo campeones.
Realidad: En un partido con otro colegio, lesioné en el ultimo minuto al arquero rival, y luego ganamos por penaltys
Historia: Cuando viajé a los Estados Unidos, mi compañero de silla fue Silvester Stallone, quien habla viajado de incógnito a Colombia.
Realidad: Cuando conseguí un puesto de cargamaletas en el aeropuerto, vi a los lejos un tipo idéntico a Silvester Stallone, pero hablaba como boyacense, y era negro.
Historia: Una vez tuve que atravesar el río Magdalena nadando en medio de una tormenta.
Realidad: Una vez me caí a la quebrada la Magdalena, y me sacaron con chinchorro.
Historia: No me casé con Amparo Grisales, cuando a ella no la conocía nadie, porque era en ese tiempo una negrita maluca. Por eso preferí a su mama (la suya mijo, no la de Amparo Grisales)
Realidad: No me casé con Amparo Grisales - la dueña de la tienda de la esquina y homónima de la famosa actriz - porque, es, fue y seguirá siendo, una negrita maluca, y su mamá, pese a todo, es mucho mejor
Historia: Cuando Rafael (el cantante español) vino a Colombia, me habló como se le habla a una amigo de confianza, y me dio recomendaciones para evitar problemas con mi vida.
Realidad: Cuando Rafael , el cantante español, vino a Colombia, le lanzó un grito a un bobo parado en medio de la calle. "¡Quitaos de ahí imbécil, no ves que te vamos a atropellar”!
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