martes, 18 de agosto de 2015

Los perros, el celular, la bolsa plástica y…


La escena se desarrolló –porque es cierta- en un barrio de clase media del norte de Bogotá. Una mujer pasea seis perros y al mismo tiempo habla por celular. No es tan complicado como suena. El truco consiste en que las correas más largas ocupan la mano que sostiene el equipo de comunicaciones pegado a la oreja.

Los perros hacen muchas cosas, incluyendo una que suele presentarse tiempo después de su alimentación.  De hecho, esta actividad es una de las razones principales por las que hay que sacarlos a pasear. Y uno de los perros hace, precisamente, eso. Entonces nuestra protagonista también hace… lo que hacen los acompañantes en esos casos. Saca una bolsa plástica, se agacha, recoge el recuerdo canino de la acera y…

Un momento. Recordemos que esta mujer no lleva uno sino seis animales. Y habla por celular y continúa haciéndolo mientras se agacha sin soltar ninguna de las seis correas, realizando una complicadísima maniobra para sacar la bolsa plástica de la cartera.

El narrador, o sea yo, se aleja del escenario con la clara idea de que ahí existe una historia. Y sin saber en que terminó la anécdota callejera, durante los días subsiguientes trata de añadir la dosis adecuada de creatividad para alimentar el blog.

Pero no sale, o mejor, salen muchas opciones. Una versión combina moda y escatología: la dama termina sentada encima del trabajo previo del perro, con el consiguiente desastre en su pantalón. Una versión gira alrededor de la palabra, e involucra a quien está al otro lado del teléfono en una conversación de la dama con sus perros, generando malentendidos predestinados a algún tipo de desastre.

También está el enfoque ideológico, donde la situación descrita se utilizaría para reanudar la diatriba contra los demonios personales del autor. Por ejemplo, criticar la excesiva dependencia de las generaciones más jóvenes con sus celulares; demostrar que ese embeleco llamado multitarea es eso, un embeleco; o regañar a los amos de los perros por dejar sus mascotas en manos de irresponsables.

Hasta pasan por la mente desarrollos dramáticos con ahorcada a bordo, que lentamente se suavizan. Entonces la ex ahorcada pasa a ser arrastrada, o mordida, o cualquier otro verbo donde no sale muy bien parada, pero, lo más importante, todavía respira.

Un giro adicional se enfoca en el celular. El respectivo aparato vuela, es pisoteado, funge como pista de aterrizaje para otros desahogos fisiológicos de los canes, o al interlocutor del otro lado de la línea ya no le hablan, sino que le ladran. Y esto último ocurre en un momento clave del diálogo (reconciliación amorosa, propuesta trascendental, revelación de información clave, propuesta laboral, cierre de negocio).

Mientras la mente trabaja en búsqueda de la opción más adecuada, la dictadura del espacio le muestra al redactor que este texto ha llegado a su extensión máxima.

Y tanto él como los pacientes lectores que hayan resistido esto hasta el final coinciden en dos palabras:


Menos mal. 

jueves, 13 de agosto de 2015

Vecinos


Somos amigos de la convivencia. Respetamos los derechos de los demás. Creemos firmemente en la necesidad de ser sociables...pero, tècnicamente, odiamos al vecino.

¿Intolerancia? No. Instinto de conservación. Es que hay vecinos que se parecen a Freddy Kruger. Son una pesadilla. He aquí algunos.

- El feliz poseedor de un poderoso equipo de sonido, (que hoy en día puede constar de un telefono y un altavoz del tamaño de una mano) fanático de la música carrilera, que escucha los domingos en la mañana a todo volumen "La banda del carro rojo" en versión de Los Tigres del Norte.

- El tipo de la casa del lado que tiene un pastor alemán que no le ladra a ladrones ni a policías, ignora olímpicamente cuando juegan un partido de fútbol y le pegan balonazos, y se pasa el día tirado perezosamente en la acera... pero siempre que nuestra hija regresa de la universidad se lanza a morderle la yugular.

- El entomólogo del apartamento 302 que llega los sábados en la noche a preguntar si no hemos visto la viuda negra que se escapó de su colección de arañas.

- La seductora vecina del apartaestudio que nos ignora cuando vamos solos, pero siempre nos sonríe coquetamente cuando estamos acompañados de nuestra esposa, con el consiguiente pellizco de reacción inmediata.

- El líder cívico que, sin nuestro consentimiento, nos nombró presidente del comité proparque que debe conseguir un millón de pesos en dos semanas.

- El dirigente político que llenó de afiches la pared común de los dos.

- El dueño de la microempresa alimenticia, que se levanta todos los días a las 4 de la mañana a fritar su producto en la más olorosa de las mantecas.

- La recién casada que se pasa las 24 horas del día visitando nuestro hogar, llorando porque se siente sola.

- El desempleado que aprovecha su desocupación para pintar la casa de enfrente de un maravilloso color zanahoria fosforescente.

- La pareja en problemas que discute acaloradamente todos los días a la 1 de la mañana.

- El pequeño transportador que nos parquea un bus en la puerta de la casa todos los días.

- El padre indolente de los ocho hermanos que se pasan el día haciendo daños por la calle, y que responde sonriente cuando le vamos a cobrar el vidrio roto: “Tan traviesos esos muchachos, ¿cierto?"