viernes, 6 de junio de 2008

Exageraciones paternales

En algún momento de la vida, el héroe oficial de nuestra existencia es ese señor que ostenta el titulo de papá. En la situación influye - además de su porte y su habilidad para sacar dulces del bolsillo del saco - algunas historias que nos ha contado, sobre relaciones con personajes importantes, aventuras dignas de un héroe de película o viajes maravillosos a tierras lejanas.
Lo cierto es que un día crecemos, y como quien no quiere la cosa, empezamos a repasar mentalmente los cuentos de papá. Y ahí aparecen las incoherencias de fecha, lugar y tiempo. ¿Como pudo jugar en el mismo equipo con Willington Ortiz y Oscar Córdoba en una final para el Mundial?
Ahí descubrimos la triste realidad. Papá no nos mintió, aunque sí exageró "un poquito". Por ejemplo:
Historia: Una vez, estuve en un concierto con Fruko y sus Tesos, hicieron un concurso de salsa y gane el primer lugar con el paso del espagueti.
Realidad: Una vez hicieron un concurso para ver quien era el más teso para comer espagueti con salsa. Papá no ganó, pero pasó una noche en medio del desconcierto.
Historia: Tuvimos una pelea de jóvenes, éramos 5 contra 20. pero los sacamos corriendo a los 18 minutos.
Realidad: Ibamos a pelear seis contra cinco pero ellos, de lo grandes parecían 20. Salimos corriendo y nos persiguieron 18 cuadras.
Historia: En la final del campeonato intercolegial, anoté en el último minuto el gol que nos hizo campeones.
Realidad: En un partido con otro colegio, lesioné en el ultimo minuto al arquero rival, y luego ganamos por penaltys
Historia: Cuando viajé a los Estados Unidos, mi compañero de silla fue Silvester Stallone, quien habla viajado de incógnito a Colombia.
Realidad: Cuando conseguí un puesto de cargamaletas en el aeropuerto, vi a los lejos un tipo idéntico a Silvester Stallone, pero hablaba como boyacense, y era negro.
Historia: Una vez tuve que atravesar el río Magdalena nadando en medio de una tormenta.
Realidad: Una vez me caí a la quebrada la Magdalena, y me sacaron con chinchorro.
Historia: No me casé con Amparo Grisales, cuando a ella no la conocía nadie, porque era en ese tiempo una negrita maluca. Por eso preferí a su mama (la suya mijo, no la de Amparo Grisales)
Realidad: No me casé con Amparo Grisales - la dueña de la tienda de la esquina y homónima de la famosa actriz - porque, es, fue y seguirá siendo, una negrita maluca, y su mamá, pese a todo, es mucho mejor
Historia: Cuando Rafael (el cantante español) vino a Colombia, me habló como se le habla a una amigo de confianza, y me dio recomendaciones para evitar problemas con mi vida.
Realidad: Cuando Rafael , el cantante español, vino a Colombia, le lanzó un grito a un bobo parado en medio de la calle. "¡Quitaos de ahí imbécil, no ves que te vamos a atropellar”!

lunes, 19 de mayo de 2008

La ternura es un peligro

De entrada hay que decir que es adorable. Se trata de una viejita simpática, muy educada y colaboradora. Por eso todos la llaman con un cariñoso diminutivo. Anita, Martica, Clarita...
Se trata de la versión femenina de la ternura. Además, tiene toda la voluntad del mundo. Jamás se niega ante una petición o solicitud de sus compañeros, jefes o incluso subalternos. Sería la empleada perfecta, si no fuera por un pequeño detalle.
Es una inepta. Todo lo que hace lo hace mal, o incluso peor.
Cuando fue telefonista, pasó mal todas las llamadas. Cuando fue recepcionista, mandó para una bodega al mejor cliente, que venía para donde el jefe de ventas. Todavía lo están buscando. Cuando estuvo en tesorería botó la llave de la caja de seguridad.
Como nunca dice que no, su capacidad destructiva abarca todos los niveles. Si algún despistado le pide ayuda sobre como llenar un formulario, le dice que sí, y le cambia el nombre, la experiencia y el sexo. Es la desorientadora oficial de la empresa, pues a los que van para producción los ubica en la cocina, y quienes le preguntan por el baño terminan en la sala de juntas.
Si se tratara de cualquier otra persona, hace rato figuraría en las estadísticas de desempleo. Pero no existe un ser humano capaz de aventarla, regañarla, o echarla. Es que ella es tan simpática, tan tierna, tan colaboradora. ¿Cómo se regaña a una abuelita? ¿Como se despide a una abuelita? Nadie es tan malo.
Así que la técnica consiste en tratar de ubicarla donde haga el menor daño posible, y esperar pacientemente el momento de la jubilación. Lo segundo depende del tiempo. Lo primero es imposible.
Porque no importa lo sencillo que sea, ella se las ingeniará para embarrarla con C. Si la ponen a servir tintos, terminará endulzándolos con sal. Si le piden que coordine las atenciones sociales, le enviará un sufragio al cumpleañero y una tarjeta de felicitaciones al empleado cuya madre acaba de morir.
Un jefe optimista creyó encontrar la solución. La ubicó en recepción con dos funciones. Sonreír y remitir a la gente a donde la recepcionista de verdad, que estaba enfrente. No había posibilidad de error.
A menos que la señora perdiera su caja de dientes y por ende, su sonrisa y su capacidad de vocalización.
Dios jubile a esta viejita.