miércoles, 24 de diciembre de 2025

Amilcaradas pregunta, el mundo responde (espero) (1)


Hoy 24 de diciembre en Colombia estamos en modo regalos, familia, novena y similares. Pero como hoy es miércoles, este sujeto insiste en publicar una Amilcarada.  En tono con la temporada, haremos algo aprendido viendo videos de gatitos y que, dicen, genera tráfico*. Preguntar a los usuarios que harían ellos en una situación similar, a partir de algunos textos ya publicados (recientemente y no tanto).

Como muestra de respeto a los lectores, no voy a decir que, realmente, lo que viene de aquí en adelante es una estrategia del autor para no trabajar. 

Aquí vamos (perdón por el confianzudo tuteo pero es parte de la fórmula).

1. Y tú, ¿también eres de los que arrancan el año repleto de buenos propósitos y proyectos concretos que jamás se concretan? Especies en temporada

2. Y cuéntame ¿tú también has tenido una relación de amor y odio con objetos de la vida diaria? Adiós hermano paraguas.

3. Y dime, ¿a ti cómo te va con esas innovaciones tecnológicas que complican lo simple a nombre del progreso? El abuelo Yepez quiere ver televisión. 

4. Te invito a compartir ese recuerdo. Ese primer día de asalariado cuando una mezcla de temor e ignorancia te paralizó aunque, laboralmente hablando, hiciste exactamente lo que te dijeron. La leyenda de semáforo. 

5. No lo olvides. También queremos conocer si tienes anécdotas de cuando diferentes fuentes cuentan historias contradictorias sobre una misma persona. Mechas de fuego no se vara.

6. Cuéntanos. ¿Has tenido o conoces experiencias de quien, por ahorrarse unos pesos o buscar una alternativa sencilla, termina enredado en situaciones incómodas, complicadas o costosas? Nestor, el gasolinero.

7. Compártenos, ¿cómo se llama el tuyo? El sublime arte de bautizar el wifi.

8. Ahora tú, ¿qué hecho o anécdota de tu vida mostró que ya eras grande? Los 22 indicadores de crecimiento 

9. Tu turno. ¿Alguna vez te has sentido como relleno en un proceso, donde pese a participar en todas las etapas algo te dice que el ganador fue escogido de antemano? Ternas de uno. 

10. Dinos, ¿Te han (o has) humhuneado alguna vez? Teoría y práctica del arte de humhunear.

*Corte a comerciales. Según cierta inteligencia artificial, un blog como este se considera exitoso cuando llega a los 10.000 seguidores. Aquí solo faltan 9.994. Ahora, una cosa son los seguidores, y otra el número de visitas por entrada. La misma IA habla de unas 300. Sin entrar en detalles, digamos que en ese punto no faltan tantos, pero de todas formas hablamos de tres cifras y, pista, la primera no es uno. 

Y no les voy a decir que si tienen una cuenta de gmail o google busquen abajo a la izquierda donde dice seguidores, den clic en seguir y sigan las instrucciones. Tampoco les voy a decir que si están en un teléfono, busquen abajo el botón que dice ver versión web y de ahí podrán seguir la recomendación anterior (fin del corte a comerciales).

Feliz Navidad para todos lo que llegaron hasta acá (y para los que no llegaron también). Seguimos dentro de ocho días.


miércoles, 17 de diciembre de 2025

Y así nos conocimos

—¿Seguro que no hay problema?

—Fresco, yo pregunté y me dijeron que podía traer un amigo.

—Oiga... ¿y no toca llevar regalo?

—Mi papá ya lo mandó.

Ni siquiera sabía lo que había regalado. Ni siquiera conocía a la homenajeada. Solo sabía que tenía que ir a la fiesta de Don Federico. Así se lo había ordenado su papá. —Mijo, esta es la hija de un amigo que cumple 15 años. Yo no puedo ir, así que lo nombro delegado de la familia.

—Pero papá, yo que voy a hacer ahí si no conozco a nadie. 

—Pues lleve a un amigo. Y no se olvide de saludar a Don Federico y a Sandrita.

—¿A quién?

—A Sandrita, la quinceañera.

El portero los miró con cara de ustedes qué, pero al ver la invitación los invitó a pasar. Una patada en las espinillas de El Bárbaro puso a Carlos en estado de alerta. —Salude compañero.

Tocaba. La madre y el padre se habían ubicado en la puerta del salón, sintiéndose algo parecido a los reyes de Inglaterra. Así que emboscado por el protocolo, Carlos contraatacó.

—Don Federico, soy el hijo de don Vicente. Mi papá le manda a decir que le da mucha pena, pero no pudo venir. Que de todas formas espera que le haya gustado el regalo a... su hija. 

—Carlitos, que bueno que haya venido. Siga y diviértase.

—Traje un amigo.

—Claro muchachos, sigan.

Superado el muro de contención, los dos amigos buscaron un rincón estratégico, se armaron de sendas bebidas y fueron haciendo inventario del personal femenino disponible para buscar pareja de baile.

Sin embargo, nadie bailaba. Era de esas fiestas de quince donde la homenajeada hace una entrada medio cinematográfica para abrir oficialmente la reunión. Así que apagaron las luces, comenzó a sonar el Danubio Azul y, rodeada de cuatro adolescentes disfrazados de gitanos, apareció ella.

—Oiga Carlos.

—Después Bárbaro, no ve que estoy mirando.

—Yo conozco a esa vieja.

Carlos miró al Bárbaro con cara de a este que le pasa.

—¿Seguro?

—Claro, yo la he visto por mi casa.

—Listo, entonces usted baila el vals

—Está loco papá.

El combo de amigos tenía problemas particulares con Strauss. Eran descoordinados, torpes y nerviosos. Ninguno se sabía los pasos pero habían hecho un convenio. Cada vez que fueran de 15, por lo menos uno debía hacer el oso. Y El Bárbaro acababa de dar papaya. 

—Le figuró hermano.

—Nada, hagamos una rifa.

—Le figuró hermano.

El Bárbaro no estaba lo suficientemente alerta. Por eso no cayó en cuenta, mientras discutía con su amigo, que este lo iba acercando al círculo donde la homenajeada bailaba unos cuantos acordes, y luego cambiaba de pareja, de acuerdo con la tradición, con el Danubio Azul de fondo.

Su perdición fue en el momento en que vio a la quinceañera en todo su esplendor. De verdad era linda. Tanto, que olvidó momentáneamente a su amigo. La siguió con su mirada mientras ella atravesaba la pista al ritmo de Strauss. Casi se le va encima cuando el empujón de Carlos lo puso en medio del salón. Se iba a voltear a arrearle la madre, pero los hechos ocurrieron tan rápido que no pudo reaccionar.

—Su pareja, joven.

—Uuuuu.

Durante una eternidad de pocos segundos ni Sandra ni El Bárbaro supieron qué hacer, hasta que él la tomó por el talle y formuló la pregunta obvia.

—¿Bailamos?

Estaban en medio de un salón de fiestas, con música de baile blanco vienés sonando en el fondo y 500 invitados pendientes de ellos. Y, sin embargo, se aislaron momentáneamente del mundo. Como un príncipe prusiano y una dama de la alta sociedad austríaca empezaron a volar por el lugar, mirándose fijamente a los ojos hasta que una tercera persona interrumpió con un...

—¿Me permite joven?

—No... digo... claro.

Los vio alejarse paralizado desde la mitad de la pista, con la más envidiable de las caras de bobo. Las mismas manos que lo habían empujado al paredón lo sacaron de allí.

—Oiga tarado, despierte.

—Sabe qué Carlos, me voy a casar con esa mujer.