Dicen los organismos internacionales de salud que la pandemia del COVID-19 comenzó en marzo de 2020 y terminó oficialmente a principios de 2023. Terminó, sí, pero todavía rondan por el planeta todo tipo de secuelas. Expertos tiene la medicina que pueden profundizar en ese tema desde sus especialidades. Lo mismo la sicología, la sociología, la política, la economía y una larga lista de disciplinas del conocimiento.
Desde las Amilcaradas hacemos este modesto aporte que tiene que ver con la vida diaria del personal. Incluye algunos comportamientos que se volvieron obligatorios durante la cuarentena. Eso es normal, incluso con aquellos que —hoy en día lo sabemos— realmente no servían para nada.
Lo extraño es que algunas personas los incluyeron (incluimos, dice la tarjeta) y los siguen incluyendo en sus rutinas. También hay otros que son evoluciones de los anteriores.
Como creo que la explicación anterior confundió más en vez de aclarar, saltemos de una vez a los ejemplos. Tres años después, la pandemia dejó como resultado que algunas personas…
… eviten los puestos dobles, triples o cualquier modalidad que implique compartir silla con desconocidos en el transporte público urbano (y no importa si eso implica hacer todo el recorrido de pie).
… le hagan el feo a un bar, taberna o cualquier expendio de bebidas alcohólicas a menos que vendan algo de comer y se pueda llamar gastrobar.
… destruyan (con odio) los tapabocas, las toallas de papel y los pañuelos desechables antes de desecharlos.
… utilicen (a la entrada y a la salida) el dispensador de gel gratuito donde lo haya (nota: no importa si el recipiente está vacío desde finales del 2021).
… hagan mercado a distancia dándole instrucciones al esposo por el teléfono.
… hagan mercado presencial recibiendo instrucciones de la esposa por teléfono.
… compren todo en línea, incluyendo lo que también venden a media cuadra de la casa.
… se quejen del precio en línea después de comprar al compararlo con el del mismo producto que venden a media cuadra de la casa.
… revisen que haya por lo menos una ventana abierta en cualquier recinto cerrado (nota: incluye transporte público).
… abran por lo menos una ventana en cualquier recinto cerrado.
… discutan apasionadamente con el friolento (a) que se queja por la ventana abierta.
… le echen alcohol a las bolsas de basura.
... se sienten en cualquier silla en sala de casa ajena, pero nunca en un sofá.
… carguen un tapabocas en el bolsillo o la cartera.
… consulten ante cualquier invitación o convocatoria que implique dialogar con otro ser humano, ¿y eso no lo podemos hacer por videollamada?
… pasen a estado de alerta absoluta cuando alguien tose o aclara la garganta en sala de espera, fila, bus urbano, oficina o en cualquier escenario que implique la presencia de dos personas o más.
… se limpian los pies al entrar a casa en un tapete viejo, deshilachado y sucio que alguna vez fue un flamante (y de cuestionable utilidad) tapete desinfectante.
… realicen toda reunión laboral en modalidad virtual, incluyendo aquella donde la lista completa de convocados están en el mismo edificio. Una parte en el piso de arriba, otra en el piso de abajo y otra en los cubículos de al lado.
… aguanten la respiración mientras saludan de beso.
… salgan en patota de papá, mamá, hijas, hijos, primos, suegras y vecino infiltrado a comprar una gaseosa.
… saquen el perro cinco veces al día con posibilidad de seis y hasta siete.
… compren cualquier producto para el hogar en el sitio más alejado posible.
… lleven cubiertos desechables a los restaurantes.
… mantengan siempre un amplio surtido disponible de papel higiénico, preferiblemente en paquetes grandes.