martes, 1 de febrero de 2011

Cosas de papa y mamá


Cuando uno era pequeño (uuuuuuu) había zonas prohibidas de acuerdo con el género. Menos elegante: había cosas de mujeres, y cosas de hombres. La cosa llegaba al extremo de que no era necesaria una prohibición expresa. Era un tabú. Si usted es mujer, o si usted es hombres, usted hace o no hace… eso.

Suena rarísimo en un mundo como el actual, donde para ser hombre hay que “explorar el lado femenino”. Es curioso. Hoy, cuando las mujeres juegan fútbol a lo Maradona y los hombres cocinan sin oler a carne de gallina tenemos por allá, en el subconsciente, una lista de tareas, actividades o simplemente reacciones que tienen sexo. No importan los hechos, todos los que hemos pasado por una determinada cantidad mínima de calendarios en el prontuario “sabemos” que…
1. Los hombres destapan frascos. Las mujeres los organizan por colores.
2. Los hombres juegan fútbol, ven fútbol, respiran fútbol, sueñan fútbol. Las mujeres preguntan sobre fútbol.
3. Las mujeres consultan cuando buscan un lugar. Los hombres no preguntan cuando están perdidos.
4. Las mujeres organizan celebraciones de cumpleaños en el sitio de trabajo. Los hombres huyen –antes, durante y después- de las celebraciones de cumpleaños en el sitio de trabajo.
5. Las mujeres van al baño en grupo. Los hombres se rascan.
6. Los hombres comen carne y toman cerveza. Las mujeres comen verdura y toman cocteles.
7. Los hombres arreglan electrodomésticos. Las mujeres llaman al técnico después de que su hombre “arregló” los aparatos.
8. Los hombres son diestros para la tecnología. Las mujeres son hábiles para los trabajos manuales de precisión.
9. Las mujeres ordenan el baño. Los hombres llenan el baño.
10. Los hombres no cosen botones. Las mujeres no cambian llantas.
11. Los hombres prenden el fuego y preparan el asado. La mujer cocina todo lo demás.
12. Las mujeres se dejan invitar. Los hombres pagan.
13. Las mujeres observan y critican el aspecto físico de otras mujeres. Los hombres jamás se expresan públicamente sobre el aspecto físico de otros hombres.
14. Las mujeres regañan a los hijos. Los hombres no se meten en eso.
15. Los hombres compran zapatos. Las mujeres realizan excursiones en busca del calzado perfecto.
16. Las mujeres fingen que están indefensas, los hombres fingen que no necesitan ayuda.
17. Las mujeres tiene citas regulares con el médico. Los hombres solo van cuando no hay ninguna otra alternativa.
18. Las mujeres disponen de un centro social recreativo llamado salón de belleza. Los hombres son fieles a un peluquero.
19. Las mujeres le comunican a alguien todo lo que hacen, piensan o sienten. Los hombres despachan el 90 por ciento de sus conversaciones con un “más o menos”.
20. Las mujeres convierten en su enemiga mortal a su mejor amiga y viceversa. Los hombres cambian de mejor amigo cada vez que se emborrachan.
21. Los hombres invitan a la casa, las mujeres atienden las visitas.
22. Los hombres ponen el trago en las fiestas. Las mujeres llevan la comida.
23. Los hombres son groseros. Las mujeres son chismosas.
24. Los hombres negocian. Las mujeres regatean.
25. Los hombres ganan plata. Las mujeres la hacen rendir.

lunes, 24 de enero de 2011

Viejo verde vs galán otoñal


Un día reviven las pasiones de los años juveniles. Entonces, el cabello cano decide darle otra oportunidad al sentimiento y trata de llegar a un corazón lejano en el calendario, pero cercano en ilusiones. Hay cosas en la vida que trascienden el tiempo. El amor es una de ellas. Así es como él se convierte en un galán otoñal.

Puede que esto pase a veces, aunque no nos consta. La mayor parte, el pisco es simplemente un viejo verde.

Para clarificar la diferencia ampliemos algunos conceptos.

El galán otoñal tiene las sienes plateadas, o su cabello ya pinta algunas canas que le dan aspecto interesante. El viejo verde es o se está quedando calvo. A veces tiene incipientes canas, pero en forma de parches, lo que le da –o refuerza la condición real– aspecto casposo. Claro que algunos no son calvos o canoso a parches, sino ambas cosas al tiempo.

El galán otoñal tiene mirada profunda y enigmática. El viejo verde no quita los ojos del escote. O mejor, del contenido del escote.

Puede ser clásico o informal, pero hay algo en la forma de vestir del galán otoñal que le queda siempre bien. En cambio, nada le queda bien al viejo verde. Si se viste juvenil, parece que le hubiera robado la ropa al hijo. Si se viste de acuerdo con su edad, asume el aspecto de una figura de cera escapada del museo idem. Cuando opta por colores oscuros le preguntan en que funeraria trabaja, y si se cambia a los colores vivos, donde dice funeraria ponga circo.

Si el galán otoñal va por la calle con su pareja, lo máximo que comentará algún patán –en tono respetuoso– será “Hola suegro”. Al viejo verde todos los patanes que se le atraviesen le recordarán su condición de asaltacunas, depravado y viejo verde.

La conversación del galán otoñal representa una interesante novedad en la rutina diaria de la compañera ocasional. Cuando el viejo verde trate de lanzar el más inocente de los piropos, sonará como comentario morboso. Al intentar mostrar que conoce el mundo de su interlocutora evidenciará su absoluta ignorancia en la materia. Y de alguna manera, entre todos los temas pasados, presentes y futuros de conversación seleccionará el que más bostezos por segundo genera en su pareja.

Las invitaciones del galán otoñal son a lugares tranquilos y diferentes. El viejo verde lleva a sitios aburridos… para su pareja. Cuando no son aburridos para su pareja… son aburridos para él, porque se siente como viejo verde en negocio para jóvenes, entre otras cosas, porque suele ser un viejo verde en negocio para jóvenes.

El galán otoñal sorprende a su pareja al mostrarle que conserva habilidades propias de la juventud, como el baile o incluso alguna capacidad deportiva. El viejo verde hace el ridículo tratando de parecer joven, sin mencionar aquello momentos en los que sus esfuerzos generan consecuencias ortopédicas.

Ella se ríe ante los comentarios del galán otoñal. Los chistes del viejo verde ni siquiera los entiende. De hecho, nunca se entera de que eran chistes.

El galán otoñal maneja los medios tradicionales de comunicación. El viejo verde intenta adaptarse a las nuevas tecnologías con resultados entre patético y desastrosos.

Cualquier insinuación del galán otoñal es una propuesta. Cualquier comentario del viejo verde es acoso sexual demandable.

El galán otoñal administra sus recursos. El viejo verde no puede medirse en gastos, y eso no significa necesariamente que vaya a obtener algún rédito a su inversión.

El galán otoñal regala símbolos. El viejo verde regala precio y tamaño.

La familia de la chica mira con algo de recelo al galán otoñal pero cuando la dama de turno supera ciertos límites de edad respeta sus decisiones. Al viejo verde le toca: 1. Ser clandestino. 2.- Comprarse el cariño o por lo menos la indiferencia de la familia de la niña a punta de: A. Regalos. B: Invitaciones. C. Palancazos. D: Todas las anteriores.

El himno del galán otoñal dice “quererse no tiene horarios, ni fecha en el calendario cuando las ganas se juntan”. El del viejo verde dice “por favor ya no insistas, es que el tiempo ha pasado, su huella ha dejado, ya no eres muchacho” con un coro que canta: “Se le para ¿si? se le para ¿no? Se le para el corazón al viejito” (Video)