miércoles, 19 de junio de 2024

Repelente

Como Gallego era el tipo de lavar y planchar en la oficina, el personal quedó frío ante su contundente ¡Yo por allá no voy!. “Allá” era un restaurante tradicional ubicado en el centro de la ciudad que alguien sugirió para una despedida. El hombre justificó así su contundente rechazo a la opción gastronómica.

“Yo no tenía más de 10 años. Me acuerdo que empecé a notar cambios en la rutina familiar. Por ejemplo, habíamos dejado de salir a sitios como cine, restaurantes, heladerías y otros adonde en algún momento había que pagar una cuenta. Aunque nunca faltó comida, las porciones redujeron su tamaño, sobre todo en la parte proteica. Con mis hermanos nos inventamos un juego. Escondíamos la carne, en el plato de otro, quien luego tenía que adivinar si estaba debajo del patacón, del arroz, de la papa o de la cuchara. Ocasionalmente la dieta volaba por cuenta de un ala de pollo, única presa que vimos en un largo periodo. Y así sucesivamente.

Papá estaba en casa a todas horas. Y sí, era eso. El viejo se había quedado sin trabajo. Mamá estiraba hasta  el último peso. Eso sí, ella tenía claro que nadie tenía por qué enterarse. Se volvió experta en no ir cuando ir implicaba gastar plata, y en desviar el tema si este se acercaba peligrosamente a la situación económica.

Lo que no previó fue a la prima Fanny. Las dos coincidían en rango de edad, por lo que siempre habían compartido tiempo y actividades. Pero mientras nosotros vivíamos emergencia económica, la situación de Fanny y familia era boyante. Un día, mientras mamá y yo andábamos por el centro, se apareció la prima. Eso fue con grito, abrazo y bombardeo de preguntas, que mi madre respondió con su estratégica discreción. La cosa debió terminar ahí, pero Fanny insistió en tomar algo. Es más, que mejor almorzáramos, ya que justo al lado había un restaurante —sí, ese restaurante— que le habían recomendado mucho.

Ella tenía toda la intención de invitar pero cuando ya estábamos sentados cayó en cuenta de que no tenía la  tarjeta de crédito y de que el efectivo tal vez no le alcanzaría para cubrir todo el consumo (esto pasó antes de tarjetas débito y otros). Entonces le preguntó a mamá que si habría problema, en caso de necesidad, de que nosotros completáramos la cuenta, que ella después le reponía. Claro que había problema. El paso siguiente era simplemente reconocerlo. Pero mamá no estaba dispuesta a aceptar lo que sabemos. 

Hubo suerte. Fanny se retiró un momento al baño. Nos trajeron la carta. Mamá la miró, me miró, y me la pasó. Yo no tenía conciencia de nada. Simplemente iba a comer elegante por cuenta de otra. Bueno, eso creía. Apenas empezaba a mirar opciones cuando la prima reapareció. 

Ahí arrancó el show de mamá. —!Es que con usted no se puede! ¡Ya no podemos ir a ningún lado! Mire Fanny, usted no sabe lo repelente que se ha vuelto este niño. No quiere comer nada. No le gusta nada. Todo lo del menú le parece feo y maluco. 

Yo, que no había pronunciado palabra, estaba completamente perdido. Intenté hablar pero ni siquiera me dejaron toser. Mamá siguió quince minutos renegando de mis caprichos, de mi bobada con la comida, y, reiterativamente, de que no había nada que hacer con este muchachito tan, pero tan repelente. De alguna manera encaminó la conversación a un —...que pena con usted Fanny pero ya el niño nos hizo pasar muchas vergüenzas acá, mejor vámonos y volvemos otro día las dos y ahí sí podemos comer tranquilas.

Mamá no dijo nada más pero ese día y los siguientes mis porciones en las comidas de casa fueron un poco más grandes. La crisis económica familiar pasó. Yo crecí, estudié, comencé a trabajar y a generar ingresos propios. Un día iba con mi novia buscando donde almorzar y terminamos en el restaurante de marras. 

Yo sé que esto no tiene lógica pero qué hacemos. Les juro que, apenas entré, todo el personal de servicio me miró con cara de volvió este repelente”.

miércoles, 12 de junio de 2024

Bogotá y bogotanous ser cool



Perdonarme please si no hablo bien espaniolll, pero es que, por si no darse cuenta, mí siendo gringou, como ustedes decirnos. No importar. Mí amar Colombia, colombianous y colombianas. 

Colombia país bonitou, no importa que decir Department of state en sus travel advisories. Mí teniendo amigous colombianous y ellos invitar a mí venir Bogotá. Y mí preguntar por clima y ellos decirme inviernou. Entonces mí traer ropa de nieve y friu pero al llegar haber tremendou, ¿así decir, ciertou? sol a zou. No, wait, sol-la-zou. Entonces mí quitarme chaqueta pero mientras amigous llevarme casa tremendou aguacerou. Entonces mí ponerme chaqueta pero al llegar casa nuevamente sol-la-zou. Entonces mí preguntar porque clima rarou y ellos explicar rarou no, Bogotá ser así siempre.

Mí aprendiendou así que Colombia distinta de America en muchas cosas. Pero amigous colombianous ser cool y llevarme pasear muchos sitios. Mí primerou conocer centro, plaza de Bolívar y barriou Candelaria de piedras empinadas y tomar pictures, aunque amigous colombianous decirme ser mosca y no mostrar mucho smartphone. Mí entender lo de no mostrar pero no entender why ni entender lo de ser mosca. 

También llevarme pasear Transmileniou, que ser como subway con vagones separadous. Mí aprender que coladou malo, pero coladou mucho. En Transmileniou conocer músicos colombianous, vendedores colombianous y seniores que contar historias tristes, o decir que no van a contar historias pero igual pedir plata, y hacer mala cara cuando mí no dar dollars.

Mí pedir comida típica de colombianous y llevarme a comer hamburgers. Hamburguers rarras, llenas de cosas. Mí explicar hamburguers también vender en America. Ellos entonces llevarme a comer soup amarilla con pedazos de chicken flotandou que llamar ajiacou. Y tambien invitar a gran plato con frijoles, salchicha negra rellena de arrouz, huevos, banana frita y otro montón comida. Mí gustar bandeja paisa, y también conocer sala de urgencia por problema en stomach que ponerme mucho tiempo en bathroom.

Antes de return home amigous llevarme muchos más sitious. Conocer Monserrate y ver que Bogotá ser ciudad mucho grande. Hacer street art tour y ver arte mucho bonitou, aunque también ver mucho mamarrachou. Algunos pintar mamarrachou encima y dañar arte bonitou. 

Ser muchas las cosas que ver en Colombia y que gustar a este gringo. Pero la que más gustar ser como colombianous ayudan parques para verse bonitous. Bonitous y de colores.  Colombianous llevar decoraciones coloridas y dejarlas en piso parques, sobre todo cerca de canecas. Son bonitous bolsas con moñitou. Primera vez que verlas no notar, pero pronto darme cuenta que estar en casi todos los parques.

Mí tomar pictures en parques donde también ser mosca pero no tanto, decir mis amigous colombianous. Decoraciones parecer Christmas tree en piso, aunque viaje ser en july o june. Encontrar muchos colores de bolsitas, pero mayoría verde, rojos, azul y violet. También estar dentro canecas, mí suponer que para que basura no verse tan fea. Colombianous preocuparse belleza parques y otrous. Eso gustarme muchou.

Mí comentar estou amigous colombianous cuandou ellos llevarme aeropuertou. Ellos apenas mirarse, hacer cara rarra y no decir nada. Antes de despedirme mí oírlos preguntar ¿le decimos? 

Ellos decir algo que mí no entender. Trataré repeat por si alguien poder explicar…

¡Qué carajos, si el gringo se montó su video, déjelo que sea feliz!