miércoles, 4 de septiembre de 2024

Mediodía en la banca

Pardo ya tiene sus años. Alguna vez, siendo niño, acompañó a su padre al banco. Los atendió un tipo de saco y corbata que nunca sonrió. El entonces “Pardito”, intrigado por una oficina cerrada, al fondo, sin ventanas, con una guardia pretoriana de dos secretarias y sendos escritorios gigantescos, preguntó qué era eso.

—La oficina del doctor Urrutia Sierra, nuestro gerente. Allí solo entran los más importantes.

Ya en tiempos modernos, Pardo debe hacer una vuelta de banco en modalidad presencial. Se anota en la maquinita, recibe el papelito numerado y espera hasta que lo llama la simpática y sonriente ejecutiva comercial. Durante la diligencia, la funcionaria menciona unas cuantas veces a un tal Pacho, encargado de ciertas tareas necesarias para llevar a feliz término el trámite. Es evidente que se trata de alguien de absoluta confianza y disponibilidad cuasi permanente, aunque en ese momento no está en la oficina. Al ser horario de almuerzo, Pardo piensa que el funcionario se encuentra en su turno de alimentación.

Parte de la diligencia requiere confirmación en línea desde la principal. Hecha la solicitud —vía intranet, por supuesto— el procedimiento entra en una especie de punto muerto mientras llega la respuesta. Justo en ese momento suena el teléfono y la ejecutiva, después de responder, pide permiso para atender la consulta respectiva. Por razones obvias el cliente solo escucha una parte de la conversación. Es algo como esto.

—(Habla quien llama).
—Si señor. Ya recibimos todos los documentos y se los pasé a Pacho para que haga la revisión.
—(Habla quien llama).
—Yo no le podría dar un término exacto pero apenas lo vea le pregunto y le cuento.
—(Habla quien llama).
—Usted ya sabe que con Pacho, desde que los requisitos estén completos eso es rápido. Y por lo que yo vi no tendría por qué haber problemas.
—(Habla quien llama).
—(Risas) Sí, Pacho es así. (Risas de nuevo).
—(Habla quien llama).
—Espere pregunto, si quiere llámeme en 30 minutos. Es que estoy atendiendo otro cliente por acá.
—(Habla quien llama).

La ejecutiva revisa de nuevo su computador pero la respuesta de la central aún no ha llegado. Entonces le consulta a la vigilante si Pacho salió hace mucho.

—No doctora, pero Pacho no se demora almorzando. De repente la doctora Patricia sabe algo.

La ejecutiva pide permiso y se dirige hacia el cubículo marcado como Jefe de Servicios, donde una elegante mujer, presumiblemente la doctora Patricia, conversa con ella durante varios minutos. Regresa. Las noticias son excelentes. Ya hay respuesta de la principal. La jefe (así la llama) también dio su visto bueno y solo falta que los documentos pasen por Pacho para que el procedimiento culmine exitosamente. 

Por pura curiosidad, Pardo pregunta. La respuesta, además de informar, le recuerda que los años no pasan gratis, y que ciertas cosas han cambiado bastante.

—Muchas gracias señorita. Una inquietud, ¿quién es ese Pacho?
—¿Ese Pacho?... el gerente de la sucursal.

domingo, 1 de septiembre de 2024

El escritor que soy


Faltaba, digamos, solucionar algunos problemas administrativos. 

Superado este asunto podemos decir que ahora sí va en serio.

Soy un escritor.

Lo cual no significa que sea un escritor exitoso, o un escritor productivo.

Pero ese es otro cuento.

Así que retomemos. Como toca comenzar de alguna manera, ajusté alguno perfiles públicos en redes sociales.

Destaco, en cada uno de las estaciones de mi recorrido laboral, lo que hice en materia de producción de textos. 

Pero eso es el pasado. Lo que importa es el presente y lo que quede de futuro.

Listo, soy un escritor. ¿Y eso qué es?

A partir de este momento, una descomunal concesión al ego.

Así que ahí vamos

Yo y lo que escribo*  

*Sí, el burro adelante, pero es que lo del ego va en serio.

1. Yo no soy un tipo serio. Por eso lamento, en serio, desilusionar a quienes busquen trascendencia, profundidad o mensajes relevantes en mis textos.

2. Escribo lo que quiero. No por obligaciones laborales. No por tendencias de moda que favorecen un éxito comercial.  

3. Es lo que yo quiero escribir.

4. Eso no significa originalidad, ni vanguardismo (casi me hernio buscando la palabra adecuada, de ahí el enlace). 

5. Muchos han hecho, hacen y harán algo parecido, mucho mejor de lo que yo puedo hacerlo.

6. Mi objetivo es brindar una pequeña alternativa que enfrente desde el aburrimiento hasta la angustia cotidiana, al inducir una sonrisa y, de ahí para arriba, toda la escala de expresiones alegres que ojala coronaran en la escandalosa carcajada.

7. No voy a tratar esos temas dolorosos y tristes que conforman nuestra realidad. Escojo el escapismo. 

8. Ya hay bastantes personas que abordan esos tópicos y muchos lo hacen realmente bien. Yo voy por otro lado.

9. Eso sí, mi punto de partida es la vida. Es lo que somos. Lo que hacemos. 

10. Cuento historias basadas, parcial o casi que totalmente, en hechos reales, de esos que le pueden ocurrir a cualquiera y de hecho pasan (nos pasan, dice la tarjeta). 

11. O simplemente los comento, desde mi punto de vista, con la advertencia implícita de que no hay que tomarse muy en serio lo que este sujeto dice.

12. Los cuentos se refieren a esas anécdotas que tienen su lado risible, el cual es notado de inmediato por los demás y a veces, (normalmente a posteriori) por el protagonista.

13. No estoy inventando nada. Solamente trato de exprimir el lado divertido de la faceta laboral, familiar, sentimental, saludable, deportiva, recreativa y todos los etcéteras posibles de ese recorrido que nos lleva de la cuna a la tumba.

Yo y cómo escribo*  

*Por si quedaba alguna duda de la condición narcisista de este ladrillo.

14. Intentaré siempre aplicar normas básicas de lenguaje escrito. Ortografía, gramática, sintaxis y toda esa terminología que cincelaron en el subconsciente las clases de español. 

15. Creo que es la responsabilidad mínima de quien escribe para un público, por pequeño que este sea. Es la manera de respetar a quien lee.

16. Creo en el ingenio y en la creatividad para describir situaciones incómodas, para adultos o desagradables sin caer en textos incómodos, para adultos o desagradables. 

17. Aunque en mi expresión oral cotidiana soy un tipo grosero, considero que el uso de los hijueputazos a la hora de escribir debe ser excepción, no regla. 

18. En un idioma con tantas opciones como el español se puede decir lo mismo sin acudir a palabras que pueden molestar a ciertas personas —cada vez menos, pero existen—. Esas palabras deben reservarse para cuando no haya otra forma de expresar la idea (véase el numeral anterior y el reiterativo ejemplo de la última palabra en “El coronel no tiene quien le escriba).

19. Tengo un pasado de periodista y toda una trayectoria vital de escribir para los demás. 

20. Por eso, cada texto es un trabajo encaminado a combinar lo expresado en los puntos del 1 al 13 con un estilo directo, conciso, sin demasiados adornos, construido a lo largo de los años.

21. Por eso, siempre intentaré escribir “vida” o “experiencia” en vez de “trayectoria vital”.

Yo y las redes sociales*

*La inevitable alusión tecnológica también tiene su toque de egolatría.

22. Me siento feliz cada vez que alguien comenta, me recomienda, me da un ”me gusta”, se suscribe,  agrega corazones, aplausos o caritas felices o tienen otro tipo de reacción. 

23. Eso sí, considero que funcionan cuando son un acto espontáneo, no inducido. Nunca lo voy a solicitar, pero siempre lo voy a agradecer.

24. Mis publicaciones en redes sociales son para informar que hay algo nuevo.

25. No son, y pretendo que nunca lo sean, para promover directamente interacciones. Únicamente pediré opiniones o comentarios de los lectores cuando el tema realmente lo justifique.

26. No soy, ni pretendo ser, un influenciador.

27. Renuncio a conciencia a utilizar esas herramientas que recomiendan los expertos, el sentido común y los algoritmos para generar tráfico y seguidores.

28. Creo que mis textos deben defenderse solos.

29. Por eso, reitero, solo utilizo las redes para informar sobre la publicación semanal de Amilcaradas. Y si en un futuro se da el caso,  para informar sobre otro tipo de publicaciones.

Yo y un cierre adecuado*

*Concedamos este último momento de arrogancia al autor.

30. Esta declaración de principios, texto guía, proclama o lo que sea no está cerrada. 

31. En cualquier momento puede crecer, cambiar, evolucionar y demás infinitivos.

32. Por ejemplo, cuando se me ocurra un cierre adecuado.

33. Como ese momento no ha llegado, mientras tanto “aquí va una frase espectacular que constituye un cierre adecuado”.

Bogotá, Colombia, 1 de septiembre de 2024