La mala noticia es que los años no vienen solos. Que todo aquello que veíamos lejano e improbable en nuestra adolescencia y nuestros veintes, es una realidad en nuestros treintas y cuarentas. La buena noticia es que los años no vienen solos. Vienen con eufemismos. (Paréntesis idiomático: Eufemismos: modos de expresar con suavidad o decoro ciertas ideas).
Mientras el calendario se aleja peligrosamente de la partida de bautismo, las cosas empiezan a cambiar de nombre. Lo que antes era energía, se convierte en afanes innecesarios, y por primera vez en la vida comenzamos a tomarnos en serio aquello de “el que menos corre vuela”.
En realidad el que menos corre es por que se cansa más rápido. Pero la versión oficial es que con los años, hemos aprendido a “dosificar energías”. Lo mismo con la dieta. El hecho de que cualquier plato de frijoles nos pase cuenta de cobro, que los lácteos hayan conformado un comando digestivo-terrorista y que repetir plato sea un acto suicida no es un problema, sino que “con los años, uno pule su dieta”.
Como la última parranda - insistimos en lo de última - nos dejó un guayabo de una semana pese a que nos acostamos a las doce, la cama empieza a llamarnos seductoramente a las 9 p.m. Hemos descubierto “el gusto de pasar la noche en el hogar”.
Nuestros hijos, que monopolizaron el equipo de sonido, escuchan todo el día música que no entendemos, no nos gusta y no...nosotros pagamos. Si queremos escuchar algo, la única posibilidad es un viejo tocadiscos que está arrumado en la despensa. Eso se llama “gusto por los clásicos”.
Un día cualquiera vamos a salir a la esquina. Entonces nos damos cuenta que para esa, o para cualquier otra salida, tenemos que vestirnos, afeitarnos, echar al bolsillo llaves, billeteras, documentos, tarjetas débito y crédito, monedas sencillas, paraguas y agenda. ¿Nos volvimos complicados? No. “Previsivos”.
Y un domingo por la mañana, nuestra hija adolescente se negará a engrosar el paseo familiar. Trataremos de hablar con ella, primero en tono paternal, y luego en ¡TONO PATERNAL!, con frases y argumentos tomados de nuestro pasado, cuando fue nuestra madre, o nuestro padre, el que nos enfrentó en una situación similar.
¿Falta de originalidad?
No, respeto por las enseñanzas del abuelo.
lunes, 1 de septiembre de 2008
lunes, 25 de agosto de 2008
Arranca todo, termina nada
Frente a esa montaña de papeles debidamente desorganizada él, (o ella), desarrollan una actividad digna de colibrí con convulsiones. Toman un papel, agarran la calculadora, suman como si el mundo se fuera a terminar pasado mañana antes del desayuno. Al segundo están frente a su computador introduciendo largas filas de datos, y minutos después recorren con ojo auditor y lápiz rojo las cifras de algún informe.
Y así se les ve todo el día, porque siempre están allí. Cuando la demás gente inicia su jornada laboral, ellos ya tienen los dedos teñidos de tanto mover lápiz rojo. Cuando el último se va, ellos todavía están frente a la pantalla, sacando algún dato de la montaña de papeles, introduciendo algo en la base de datos, haciendo alguna cosa.
Y aunque solo se levantan de la silla para ir al baño, o almorzar mirando el reloj y sufriendo por ese maravilloso tiempo perdido, a la hora de evaluar sus resultados no aparece por ningún lado esa excepcional productividad que debía derivarse de una vida en función del trabajo.
Porque estamos hablando del típico arranca todo, termina nada. Se trata de una espécimen de oficina que quiere hacer todo su trabajo el mismo día, a la misma hora, en la misma silla y con la misma ropa. Por eso, su técnica de trabajo es comenzar e ir adelantando poco a poco. Y mientras adelanta, comienza otra, Y otra, y otra. Así el día se va llenando de puntos de partida, que cada vez se ven más lejos del punto de llegada.
Entonces tenemos al sujeto empezando la tarea A, la cual deja momentáneamente para asumir la responsabilidad B, que queda interrumpida cuando dispone los elementos para iniciar la función C, la cual se suspende provisionalmente para atender una llamada de la cual deriva una actividad D, cuyos lineamientos generales están siendo esbozados cuando se recuerda que hay que seguir con la tarea A, de la cual se adelantan algunos aspectos que son periódicamente interrumpidos por labores relacionados, con C, con B o con...
En la memoria colectiva de la empresa, solamente se recuerda una ocasión en la cual no parecía “colgado”, actuó con serenidad e hizo lo que tenía que hacer en un solo viaje, sin interrupciones.
Fue esa mañana en la cual le explicó a su jefe porque razón el no necesitaba ningún curso sobre manejo eficiente del tiempo.
Y lo convenció.
Y así se les ve todo el día, porque siempre están allí. Cuando la demás gente inicia su jornada laboral, ellos ya tienen los dedos teñidos de tanto mover lápiz rojo. Cuando el último se va, ellos todavía están frente a la pantalla, sacando algún dato de la montaña de papeles, introduciendo algo en la base de datos, haciendo alguna cosa.
Y aunque solo se levantan de la silla para ir al baño, o almorzar mirando el reloj y sufriendo por ese maravilloso tiempo perdido, a la hora de evaluar sus resultados no aparece por ningún lado esa excepcional productividad que debía derivarse de una vida en función del trabajo.
Porque estamos hablando del típico arranca todo, termina nada. Se trata de una espécimen de oficina que quiere hacer todo su trabajo el mismo día, a la misma hora, en la misma silla y con la misma ropa. Por eso, su técnica de trabajo es comenzar e ir adelantando poco a poco. Y mientras adelanta, comienza otra, Y otra, y otra. Así el día se va llenando de puntos de partida, que cada vez se ven más lejos del punto de llegada.
Entonces tenemos al sujeto empezando la tarea A, la cual deja momentáneamente para asumir la responsabilidad B, que queda interrumpida cuando dispone los elementos para iniciar la función C, la cual se suspende provisionalmente para atender una llamada de la cual deriva una actividad D, cuyos lineamientos generales están siendo esbozados cuando se recuerda que hay que seguir con la tarea A, de la cual se adelantan algunos aspectos que son periódicamente interrumpidos por labores relacionados, con C, con B o con...
En la memoria colectiva de la empresa, solamente se recuerda una ocasión en la cual no parecía “colgado”, actuó con serenidad e hizo lo que tenía que hacer en un solo viaje, sin interrupciones.
Fue esa mañana en la cual le explicó a su jefe porque razón el no necesitaba ningún curso sobre manejo eficiente del tiempo.
Y lo convenció.
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