jueves, 2 de marzo de 2017

Jóvenes estafables y viejos de los otros

Uno de esos videos que circulan por las redes muestra un billete de 10 o 20 mil, ya no me acuerdo, que se supone es falso. El joven narrador en off –la voz permite inferir la edad– da una explicación sobre por qué el papel moneda será papel pero no es moneda, advierte sobre el número de serie, y todo iba bien hasta que remató con la siguiente perla. Algo así como “tengan cuidado que no vayan a estafar a nuestros papás o a  nuestros abuelos”.

Por aquello de la solidaridad –de años – acudo al expediente de la carta abierta, que es un desahogo público sin destino específico, (al que le caiga…). Básicamente se le señala de la manera más cordial y delicada al autor del video que es un, digo que se puede ir a, digo que tiene, digo que se pifió...

Porque que yo sepa, no son los padres los que le ponen una foto en línea y traje de Adán o Eva a un escritor invisible al otro lado de la línea solo porque se los solicitó con palabras bonitas. No son ellos los que transmiten en vivo y en directo cada instante de su vida y revelan sus secretos íntimos a través de un medio con 6000 millones de usuarios potenciales, lo que viene a ser un manjar para cualquier delincuente desprogramado, de esos que con unos pocos datos montan su operativo de tumbar incautos.

No recuerdo haber visto madres y abuelas entre ese grupo de modelos que dejaron sus pertenencias en manos de un grupo de tipos que habían visto por primera vez, y que no han vuelto a ver, porque se esfumaron con todo el material que les confiaron. Tampoco eran del siglo pasado las niñas –y esas si eran niñas – que cayeron en la trampa de un video viral cuando un conocido en línea y desconocido en persona les puso una cita, donde la sorpresa era que sus padres las estaban esperando.

A menos que hayan sido absolutamente precoces, no tienen hijos ni mucho menos nietos quienes se creen el cuento de algún encantador de futbolistas y terminan alojado en algún rincón de mala muerte en Argentina, esperando una oportunidad que jamás llegará para mostrar su talento con el balón. Claro que, justo es reconocerlo, en ese caso la credibilidad necesita del patrocinio de un adulto, cuando no de su apoyo entusiasta.

A mi poco popular productor de videos sobre falsificación de moneda lo invito a poner un mensaje poco claro con la palabra gratis a ver quién llama más, padres, abuelos o hijos. A ofrecer en las calles oportunidades maravillosamente sospechosas y verificar la edad de quienes no desconfían. Verá que la mayoría son futuros usuarios de cédula o por lo menos aún andan con su primera contraseña.

Reivindico el respeto que merecemos los adultos y viejos a que no nos traten de ingenuos. A nosotros no nos estafan tan fácil porque…ya nos estafaron. Decía el maestro José A Morales, “Yo también tuve 20 años”. No es lo que sabemos, es lo que ya nos pasó.

martes, 28 de febrero de 2017

El círculo del dato

Resulta que hace un par de años el presidente y fundador de la gran empresa estuvo en la inauguración de una sede en ese pueblo ubicado lejos de todo. El gran jefe quedó impresionado por la mística que le ponía al asunto el administrador regional. Tanto que, en un comportamiento inusual, antes de irse el cacao mayor le dejó a su subalterno su correo electrónico personal con la instrucción de “si algún día necesita algo, no lo dude”.

Pasaron 24 meses en los cuales el representante regional despachó los requerimientos organizacionales por el conducto regular, hasta que intervino la mano de Dios. Exageramos. No fue la mano de Dios sino la de su representante local, el sacerdote del pueblo, quien tuvo la idea de invitar a unos gringos de esos que llegan con plata para la comunidad y de incluir en el programa una visita a la sede local de la gran empresa nacional.

Resulta que uno de los americanos resultó aficionado al tema y le dio por formular un poco de preguntas técnicas relacionadas con el producto, la empresa y los antecedentes. Algunas tenían respuesta a la mano, pero otras requerían apoyo desde la matriz.

El administrador regional lo intentó por el conducto regular pero no logró nada, así que entendió que era el momento de estrenar el correo del gran jefe. Y nunca se supo por qué, pero en la mente del fundador y presidente la petición se volvió prioridad uno. Eso es complicado en cualquier día, pero es doblemente complicado si ocurre a las 9 de la noche en vísperas de un puente festivo. Y más cuando el patriarca empieza a delegar.

El gran jefe le rebotó el correo al vicepresidente administrativo, quien se lo pasó al vicepresidente técnico, quien inmediatamente convocó conferencia telefónica con los directores de área. Esto ocurre el viernes a las 11 de la noche. Tres de los directores de área tenían datos, pero dos de ellos debieron acudir a jefes de departamento. Estos ya no fueron tan fáciles de localizar, de hecho tres de ellos apenas dieron señales de vida el sábado.

Y como suele ocurrir, los que más se demoraron en aparecer tampoco tenían información, por lo que la tarea siguió bajando a los coordinadores, quienes coordinaron un mecanismo para dañarle el descanso a su equipo. A una parte del equipo,  porque algunos profesionales desaparecieron misteriosamente, se declararon en emergencia familiar o simplemente le pasaron la pelota a Gonzalez, solo que nadie sabía donde estaba Gonzalez en ese momento.

Pero como el dato era de vida o muerte – a ese nivel nadie sabía por qué o para quien–  había que buscar una alternativa. Y –ya es domingo en la mañana– la idea fue del jefe de Gonzalez. Un poco rebuscada... pero podía funcionar.

Había una persona que posiblemente disponía de la información pendiente. Esa persona era de muy difícil acceso, pero él sabía de alguien que tenía acceso directo. Lo había visto con sus propios ojos. Solo faltaba proceder.

Y fue así como el domingo en la mañana, el administrador regional de la sede que quedaba lejos de todo recibió una instrucción de la casa matriz: “Usted, que tiene el correo del presidente fundador… ¿será que le puede preguntar esto?"