miércoles, 12 de junio de 2024

Bogotá y bogotanous ser cool



Perdonarme please si no hablo bien espaniolll, pero es que, por si no darse cuenta, mí siendo gringou, como ustedes decirnos. No importar. Mí amar Colombia, colombianous y colombianas. 

Colombia país bonitou, no importa que decir Department of state en sus travel advisories. Mí teniendo amigous colombianous y ellos invitar a mí venir Bogotá. Y mí preguntar por clima y ellos decirme inviernou. Entonces mí traer ropa de nieve y friu pero al llegar haber tremendou, ¿así decir, ciertou? sol a zou. No, wait, sol-la-zou. Entonces mí quitarme chaqueta pero mientras amigous llevarme casa tremendou aguacerou. Entonces mí ponerme chaqueta pero al llegar casa nuevamente sol-la-zou. Entonces mí preguntar porque clima rarou y ellos explicar rarou no, Bogotá ser así siempre.

Mí aprendiendou así que Colombia distinta de America en muchas cosas. Pero amigous colombianous ser cool y llevarme pasear muchos sitios. Mí primerou conocer centro, plaza de Bolívar y barriou Candelaria de piedras empinadas y tomar pictures, aunque amigous colombianous decirme ser mosca y no mostrar mucho smartphone. Mí entender lo de no mostrar pero no entender why ni entender lo de ser mosca. 

También llevarme pasear Transmileniou, que ser como subway con vagones separadous. Mí aprender que coladou malo, pero coladou mucho. En Transmileniou conocer músicos colombianous, vendedores colombianous y seniores que contar historias tristes, o decir que no van a contar historias pero igual pedir plata, y hacer mala cara cuando mí no dar dollars.

Mí pedir comida típica de colombianous y llevarme a comer hamburgers. Hamburguers rarras, llenas de cosas. Mí explicar hamburguers también vender en America. Ellos entonces llevarme a comer soup amarilla con pedazos de chicken flotandou que llamar ajiacou. Y tambien invitar a gran plato con frijoles, salchicha negra rellena de arrouz, huevos, banana frita y otro montón comida. Mí gustar bandeja paisa, y también conocer sala de urgencia por problema en stomach que ponerme mucho tiempo en bathroom.

Antes de return home amigous llevarme muchos más sitious. Conocer Monserrate y ver que Bogotá ser ciudad mucho grande. Hacer street art tour y ver arte mucho bonitou, aunque también ver mucho mamarrachou. Algunos pintar mamarrachou encima y dañar arte bonitou. 

Ser muchas las cosas que ver en Colombia y que gustar a este gringo. Pero la que más gustar ser como colombianous ayudan parques para verse bonitous. Bonitous y de colores.  Colombianous llevar decoraciones coloridas y dejarlas en piso parques, sobre todo cerca de canecas. Son bonitous bolsas con moñitou. Primera vez que verlas no notar, pero pronto darme cuenta que estar en casi todos los parques.

Mí tomar pictures en parques donde también ser mosca pero no tanto, decir mis amigous colombianous. Decoraciones parecer Christmas tree en piso, aunque viaje ser en july o june. Encontrar muchos colores de bolsitas, pero mayoría verde, rojos, azul y violet. También estar dentro canecas, mí suponer que para que basura no verse tan fea. Colombianous preocuparse belleza parques y otrous. Eso gustarme muchou.

Mí comentar estou amigous colombianous cuandou ellos llevarme aeropuertou. Ellos apenas mirarse, hacer cara rarra y no decir nada. Antes de despedirme mí oírlos preguntar ¿le decimos? 

Ellos decir algo que mí no entender. Trataré repeat por si alguien poder explicar…

¡Qué carajos, si el gringo se montó su video, déjelo que sea feliz!

miércoles, 5 de junio de 2024

(Más) dificultad ante todo

Hace mucho rato existen las tarjetas de crédito y hace menos rato aparecieron las débito. En tiempos lejanos, para hacer compras con la primera pedían cédula. Con las segundas su uso (retiros y compras) implicaba teclear una clave. Para la de crédito, un día dejaron de pedir la cédula, aunque todavía había que teclear la clave (a veces). Otro día se inventaron una tecnología sin clave, simplemente se pone cualquiera de los dos medios de pago encima del datáfono y ya. La vida se hizo más fácil para todos. O para casi todos.

Oliverio es uno de los representantes del “casi”. Forma parte de quienes se consideran víctima potencial de múltiples estrategias para despojarlos de su capital. Desde un sobreprecio derivado del  estudio facial encaminado a detectar rasgos porcinos (que le vean cara de marrano y le cobren más cara la fruta); hasta el uso de avanzadas tecnologías dirigidas a mover el dinero de sus cuentas a destinos desconocidos. Eso le puede pasar a cualquiera. La diferencia es que Oliverio está seguro de que le va a pasar a él. 

El tipo es ahorrativo al extremo (al extremo de que todos le dicen tacaño).  Sus medidas de seguridad diarias son dignas de banco central. Solo sale a la calle con exactamente lo que piensa gastar. En la billetera carga un billete (como todo el mundo) de la más baja denominación posible (como poco mundo) para despistar en caso de atraco o minimizar la pérdida si le hacen algún cosquilleo. La plata real para gastos inmediatos va en algún bolsillo secreto de la chaqueta. El resto, si se requiere, está debidamente encaletado en una bolsa plástica en el zapato misterioso. Misterioso porque solo decide si será el derecho o el izquierdo mientras se viste, y porque es un misterio cómo va a sacar esa bolsita cuando llegue el momento de pagar. La bolsita, por cierto, también aplica para tarjetas débito y crédito. Una especie de pecuecash. 

Así que la llegada de los sistemas de pago sin contacto fue una especie de tragedia en su lucha personal para proteger la parte líquida de su patrimonio. Porque la facilidad implícita aplica no solo para el titular y conocedor de la clave, sino para cualquiera que tenga la tarjeta. Y cualquiera puede ser algún pariente con exceso de confianza, alguien sin lazos de sangre pero con acceso al sitio donde se guarda la tarjeta e intenciones poco católicas, o simplemente un delincuente que en ejercicio de su oficio se apoderó del implemento y lo puede utilizar fácilmente mientras no esté bloqueado. 

Son solo tarjetas. Pero qué tal que no fuera únicamente eso. Qué tal que fuera acceso a todas las cuentas, y a una billetera que en vez de cuero y papel moneda, tuviera gigas y bytes. Que con un solo dispositivo lo puedan, literalmente y sin mayor esfuerzo, dejar en ceros. 

¿Quién correría un riesgo tan evidente? Mucha gente. ¿Y es que acaso ya ha pasado? Unas cuantas veces. Trasciende cuando la víctima es un “famoso”. Los detalles varían pero son tres actos. Acto uno, perdí el celular. Acto dos, cuando me di cuenta inmediatamente fui a ver. Acto tres, vi que me habían robado en… y arranca la lista de billeteras digitales, cuentas bancarias, servicios con pago en línea y demás aplicaciones diseñadas para facilitarle la vida a los usuarios, y de carambola a los delincuentes.

Sobra decir que Oliverio no tiene en su teléfono ninguna aplicación de esas. Y alcanzó a hacer un par de compras en línea desde el computador  hasta que supo que obtener certificados de seguridad (el candadito y el https) puede ser un proceso complejo y exigente, que demanda identificación y requisitos exhaustivos, de trámite largo y difícil; … pero también algo gratuito y fácil de tramitar, que demanda pocos minutos y es completamente en línea, como alardean sus emisores.

Mientras escoge zapato para esconder la plata del día, el hombre la tiene clara. Ciertas compras, pagos y transacciones deben ser difíciles. O por lo menos, no tan fáciles.