miércoles, 19 de agosto de 2009

Guillermo el Conquistador y la influencia de los audífonos en los amores de congreso

Los sucesivos fracasos de Guillermo el Conquistador lo han sumido en una profunda crisis. Ante esta situación, fue matriculado en un programa de terapia de grupo. En él, hombres y mujeres de malas en el amor (y de peores en el juego, para rematar) narran sus historias. He aquí una de ellas.
Alejandro. 38 años, ingeniero: “La conocí en Cartagena, durante un congreso de Suelos y Concretos. Era costeña, de piel morena, pero cabello rubio. Tendría unos 23 años. Era hermosa. Esos ojos verdes, esa figura alta y bien formada. En fin.
Trabajaba como auxiliar, ustedes saben, esas niñas que ayudan a distribuir credenciales, ubicar a los delegados, entregar los equipos de traducción simultánea. En fin.
Muchas veces traté de hablarle, pero era de un profesionalismo a toda prueba. Se limitaba a responder cortésmente, pero sin sonreír El caso es que llegamos al último día, y nada que lograba establecer comunicación. En fin.
Vino entonces la conferencia del gringo sobre “Pruebas de resistencia del concreto reforzado a 2.800 metros sobre el nivel del mar”. En inglés, por supuesto. Ella me entregó con su rostro imperturbable los audífonos y el transistor de traducción. Yo me acomodé en la parte de atrás, en donde la veía. En fin.
Oía la conferencia, pero no escuchaba. Mi cerebro estaba perdido en esos ojos verdes. En fin, ahí fue cuando decidí salir a dar una vuelta. Cuando me levanté me pareció que me observaba. Pero no me cupo la menor duda a medida que me desplazaba por la sala. Sí, esos ojos verdes perseguían a los míos. Cuando llegué a la puerta, vi que se ponía de pie y caminaba hacia el sitio donde yo me encontraba. En fin.
Decidido a hacer la prueba final, salí del salón. Aunque normalmente camino rápido esta vez aceleré intencionalmente el paso. Quería estar completamente seguro. Sentí que alguien en tacones me seguía. Me voltee y la vi venir hacia mí. Y me sonrió. Si, sonrió. Y después me miró a los ojos, y en un tono entre coqueto y sensual pronunció esas palabras que jamás olvidaré. 'Disculpe señor, pero está prohibido sacar el sistema de traducción simultánea de los salones'.
En fin.

lunes, 17 de agosto de 2009

Guillermo el conquistador y un encuentro de madrugada

Para Guillermo el Conquistador, ese era un día clave. Por fin, luego de miles de intentos desesperados, Mónica, la sexy y distraída recepcionista, habla accedido a salir con él. Eso sí, le habla puesto reglamento al asunto, de 7 a 9 de la mañana.
Lo exótico del horario se debe a que Mónica estudia de noche, y viaja a visitar a sus padres a San Antonio los fines de semana, por lo que su único tiempo libre es en la mañana. Bueno, Guillermo no se iba a dejar vencer por un pequeño detalle.
La cita iba a ser un lunes. Por eso, Guillermo se acostó temprano el domingo, con el fin de pasar una noche tranquila, y poder levantarse igualmente temprano al día siguiente. No quería correr riesgos. Así que muy a las ocho de la noche... a la cama.
Y fue así como Guillermo abrió los ojos, se levantó, vio que todavía estaba oscuro, se dio un buen baño, y luego empezó a vestirse. Saco recién planchado. Camisa nueva. Corbata de monitos. En fin. La ropa ideal para estar a... ¿las 2 de la mañana?
Hora. 2.25 a.m. Situación: Guillermo está vestido, perfumado, peinado y sin una pizca de sueño en su habitación.
Hora. 3 a.m. Guillermo ya organizó el escritorio, arregló el closet, cambió de sitio las porcelanas, se perfumó de nuevo, limpió el polvo de los muebles y sigue sin tener la más mínima sensación de sueño.
4 a.m. Guillermo está a punto de terminar el primer tomo de la Enciclopedia Juvenil Scout, se ha echado encima medio frasco de colonia para no perder el olor, y de sueño, nada.
5 a.m. Al llegar a esta hora, Guillermo, quien ya escuchó completa su colección de boleros, se siente tranquilo. Es la hora en que normalmente se levanta. Así que después de agregar unas gotas de colonia a sus cachetes, va a prepararse un buen desayuno. Café, pan, jugo de guayaba, cereal, leche y banano picado.
5.30 a.m. Guillermo se queda dormido encima del cereal.. La corbata se sumerge en el jugo.
7.00 a.m. De la casa de Guillermo sale un extraño personaje. Lleva un vestido arrugado, como si hubiera dormido con él puesto. Una camisa con manchas de banano, leche y café. Una corbata con monitos ahogados en jugo de guayaba y un pestilente olor a colonia barata.
7.00 a.m. Una tal Mónica despierta en su casa. Nuevamente tiene esa desagradable sensación de que algo se le olvidó. Vuelve a dormirse.