miércoles, 27 de agosto de 2025

Alós de alto riesgo

El aparato suena, vibra, o suena y vibra. El joven lo saca del bolsillo, de la cartera, del estuche, lo mira y... No contesta.

El señor Salgado (exjoven) considera ese comportamiento absurdo e inaceptable. ¿De qué sirve tener teléfonos costosos, modernos y versátiles, si no se utilizan para hablar por teléfono?

Él, en cambio, siempre responde. Diariamente dedica un creciente tiempo a desperdiciar alós que jamás reciben réplica, pues inmediatamente, o tras un incómodo silencio, la misteriosa llamada se corta. Doblemente misteriosa cuando el número que registra su dispositivo muestra orígenes internacionales como Países Bajos, Nigeria, Dubai o algún pueblo perdido de Alaska. Locaciones donde el tipo no conoce a nadie, jamás ha estado y no piensa volver.

Otras veces del otro lado de la línea plantean una oferta comercial. Salgado trata de obtener detalles o de expresar educadamente que no le interesa pero el interlocutor sigue hablando. Pasan varios minutos hasta que el hombre descubre que está “conversando” con una grabación.

Ahora, las comunicaciones comerciales son más fáciles de administrar con una máquina que con una persona. A la grabación se le puede colgar. Al vendedor o vendedora del call center también, si no fuera porque este parece tener a la mano una lista interminable de argumentos para mantener el diálogo con Salgado.

No tengo tiempo... ofrecen llamarlo de nuevo. Ya tengo ese producto... le sueltan mil razones para renovarlo. No me interesa... preguntan por qué y le arman conversación. No molesten y cuelga… se dispara un acoso de llamadas desde múltiples números que puede durar horas, días, semanas…

A eso se le agregan otras comunicaciones con noticias como que ganó alguna rifa en la que jamás se anotó, que debe hacer urgentemente algún ajuste en sus servicios bancarios, o de algún pariente que nunca había oído nombrar quien le pide dinero, ¡urgentemente!.

El señor Salgado aprendió (tras girar gastos de envío para un premio que, años después, no ha llegado) a verificar cuidadosamente antes de actuar. Más cuando abundan las historias que terminaron en pérdidas económicas mucho más grandes que la que él tuvo.

Claro que existe una forma sencilla de evitar estos y otros problemas. No contestar las llamadas cuando provengan de números desconocidos.

Lo aburridor es reconocer que, de nuevo, los jóvenes tienen razón.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Pequeño mundo, gran historia

Acaban de conocerse y ya son amigas de esas que pueden tener la más cercana de las relaciones o el más profundo de los rencores. Y en los siguientes minutos pasarán por toda la escala de amistad y enemistad incluyendo insultos, lágrimas, arrepentimiento, disculpas, remordimiento e interacciones donde cualquier cosa puede ocurrir, porque para los momentos mágicos la imaginación es el límite.

Todo pasa en el mismo lugar pero al mismo tiempo se desarrolla en un país lejano de aventuras, princesas y piratas, en una nave espacial, en un vehículo que recorre paisajes legendarios y en una casa maravillosa con sala, comedor, cocina, patio, habitaciones y baños.

Y ellas son hijas pero también son mamás. Son búhos pero también dinosaurios. Tienen un unicornio de mascota y poderes inconmensurables. Dominan el clima, escogen cuando hay sol y cuando hay lluvia. Construyen en segundos muebles, edificios, montañas, mares y llanuras. Acampan en medio de la selva, el desierto y el ártico, mientras ocupan sofisticados hogares con todos los servicios que existen y algunos que todavía no se han inventado.

Un momento son la dueña del castillo y al siguiente corren por parajes maravillosos en busca de tesoros imponderables. Se metamorfosean constantemente y la que hace un rato era la madre sabia ahora es el bebé necesitado de cariños y cuidados. La que fue dejada de lado e insultada retorna desde su rincón de ignominia como nueva protagonista de la historia. Esa que nunca finaliza porque siempre está comenzando.

Intercambian una interminable sucesión  de ofensas, piropos y argumentos. No queremos contigo, le dicen a la recién llegada. Yo voy a a hacerlo sola, responde aquella mientras escoge una ubicación donde al mismo tiempo se aísla pero queda lista para integrarse en caso de ser llamada. Lo que va a pasar porque en algún momento van a necesitar un piloto, una cazadora, una superheroína, más hijos, más invitadas a la fiesta que se armó en cuestión de segundos.

Y así como el conflicto aparece por las razones más insignificantes, desaparece en medio de tan inesperados como sucesivos actos de reconciliación. Una cara triste invita a pedir perdón. Un intercambio de sonrisas integra los bandos radicalmente separados por pocos minutos. La que estaba a punto de llorar ahora ahora ríe a carcajadas.

Llegaron acompañadas de sus respectivas mamás a una biblioteca pública para participar de alguna actividad programada y organizada por profesionales que no ha empezado, ya terminó, se canceló. No importa. Ellas escogieron, invadieron y se tomaron un espacio que convirtieron en su realidad del momento, en su escenario, en su tierra de aventuras, en su pequeño mundo gigante.

Los adultos que están en el sitio intentan seguir con lo suyo. Consultan sus teléfonos, trabajan en sus portátiles, hojean libros. Ponen cara seria sumergidos en su mundo. Mientras, a su alrededor, las sillas vacías pasan a ser las habitaciones de una casa gigante, los cojines se reubican para convertirse en puertas, la patineta de juguete es ahora el vehículo último modelo.

Así todo lo que está a la mano se integra a la jornada de ese grupo de niñas que vive como se vive a los cinco años, en un juego interminable donde no hay fronteras entre la realidad y la fantasía.

El testigo ocasional de vez en cuando levanta la mirada y sonríe. No interviene pero lo tiene claro. Aquí hay una amilcarada.